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jueves, 10 de enero de 2013

Guasap. (En Hoy por Hoy León, 11 de enero de 2013)


Yo mismo lo he hecho, lo confieso. Creo que lo hemos hecho muchos de nosotros y seguro que en alguna situación inconveniente. La estampa es de este miércoles en un restaurante de la capital, aunque es trasladable a otras muchas situaciones. Les cuento: en la mesa del rincón, cuatro hombres de negocios de diferentes edades, vestidos con ropa casual, ya desprovistos del traje de faena, esperaban la comida que acababan de encargar al camarero. Mantenían una charla animada hasta que a uno de ellos se le iluminó la pantalla en el móvil y en pocos segundos los cuatro estaban pendientes de lo que pasaba en esa realidad cibernética que se abría ante sus ojos. Seguramente estaban comunicándose entre sí, aunque naturalmente deberían estar haciéndolo con alguien más. Estaban juntos, sentados a la misma mesa, pendientes de una conversación virtual que se estaba celebrando sin celebrarse.

Es un fenómeno muy frecuente entre adolescentes, que se reúnen y pasan la tarde hablándose por “guasap” estando unos al lado de los otros, como si por el hecho de ver sus palabras escritas en la luminosidad de la pantalla pudieran tener más gracia, cuando lo que ocurre es que, en lugar de reírse abiertamente por algo que alguno ha dicho, se limitan a escribir “ja, ja, ja” en su teclado o a buscar en la galería de emoticones una carita sonriente. Me recuerda esas pistolas de payaso en las que cuando se disparan sale una banderita en la que está escrito “Bang”. Es, pero realmente no es. Claro, que no son solo los adolescentes, ni los ejecutivos. Hasta una pareja que parecía ser una pareja de novios estaba hace poco tomando algo en una terraza mientras cada uno atendía la actividad febril de su teléfono, olvidándose de que estaban pasando juntos la tarde.

Nos enredamos tanto en el “guasap” porque nos gusta siempre tener la última palabra: “si te parece quedamos así”, dice uno. “Vale”, contesta el otro. “Pues eso”, dice el primero y así se eternizan hasta que alguno de los dos escribe las siglas mágicas que suelen poner fin a toda conversación cibernética: OK. “OK”, contesta el otro y fin de la conversación.

En el tema del ERE del Ayuntamiento de León la última palabra la tendrá naturalmente el propio Ayuntamiento, si bien parece ser que vendrá escrita desde fuera, que para eso se dejan una pasta en el asesoramiento de una firma con nombre extranjero que será la encargada de informar de qué es lo que conviene hacer. Habría que saber quién escribe el OK final en este asunto, un asunto que para sanear la sobredimensión de la plantilla de trabajadores municipales nos cuesta alrededor de 150 mil euros en asesoramiento externo. Estoy seguro de que será un servicio de mayor calidad del que otra empresa ajena al Ayuntamiento ha prestado recientemente. Me refiero a la pasada Cabalgata de Reyes, quizá una de las peor organizadas de todas las que yo he visto en los últimos años.

Entiendo que Baker y McKenzie serán muy útiles para poner orden en el entramado laboral del Ayuntamiento, lo que no sé es si su informe es absolutamente necesario. ¿OK?

lunes, 7 de enero de 2013

Noche de Reyes. (En Hoy por Hoy León, 4 de enero de 2012)


En la rueda de prensa de presentación de la Cabalgata de Reyes de este año, el Concejal anunció que habría poco carbón, porque hemos sido muy buenos. En apenas veinticuatro horas, nos enteramos de que el ERE suspensivo que el Grupo Alonso tiene planteado para los trabajadores del Pozo Santa Cruz, podría convertirse en extintivo. Atrás quedan los días de encierro en los momentos más intensos de la protesta contra el Plan del Carbón del gobierno Rajoy. Todo un símbolo de aquella reciente protesta, el encierro en el Pozo Santa Cruz, se revela ahora también como punta de lanza en el desmantelamiento efectivo de la industria del carbón. La pregunta es si será por eso –y no porque hayamos sido buenos- la escasa presencia del carbón que se anuncia para la cabalgata.

No sé qué tendrá preparado Marcos Valbuena para el desfile de mañana, pero creo que este año el carbón debería tener en él una presencia especial. La Cabalgata de Reyes debe pensarse para los niños, porque son los verdaderos protagonistas de la noche. No obstante, de todo lo que pase por delante de sus ojos, lo único importante será la magia de Sus Majestades, del resto no se van a enterar. Por eso, todo lo demás debe hacerse pensando también en los que no son niños, en los que han perdido la capacidad para ver solo lo esencial. A esos otros, que son muchos, habrá que darles un discurso, el discurso del desfile, que debería incorporar mensajes más allá de los globos de colores, los zancudos o los comefuegos. Será por eso que se ha pensado en la necesidad de que los Reyes desfilen acompañados por cuatrocientas cincuenta personas, que haya un espectáculo aéreo sobre la fuente de Santo Domingo y que se termine con otra actuación en la plaza de Guzmán, tras la cual habrá un espectáculo pirotécnico. Digo yo que será por eso, porque en lo que hace a los niños, lo que cuenta es la magia. Lo digo porque lo sé bien: más allá de todos los colorines, las luces, los bailes regionales, los danzantes, los figurantes, incluso el camión del carbón, tan temido, o el de los bomberos, tan necesario para alcanzar las ventanas más altas, lo que cuenta es la presencia de la magia, personificada en tres figuras reales parapetadas en lo más alto de sus respectivas carrozas.

Supongo que es necesario gastar cuarenta mil euros en que Sus Majestades se sientan convenientemente agasajados en su llegada a León. ¿Qué son cuarenta mil euros en comparación con toda la ilusión que su presencia traerá a nuestras casas? No lo planteo en términos de negocio, entiéndanme, es que no tengo nada claro que sea necesario gastar este dinero para celebrar la llegada de los Reyes. Probablemente esté equivocado. Y tampoco entiendo bien la decisión de externalizar su organización, habiendo muchos profesionales sobradamente capaces en el Ayuntamiento para llevarla a cabo. También estaré en esto confundido.

Habrá poco carbón mañana y muchos kilos de caramelos. Habrá dos espectáculos, cientos de figurantes, grupos de bailes regionales, bailarines de una escuela de danza, hasta fuegos artificiales para terminar. Muchos se volverán locos recogiendo del suelo los caramelos. Yo, como los niños, me quedaré de pie, mirando hacia lo más alto de la carroza, enganchado en la magia de los Reyes. No necesitaré nada más.

jueves, 3 de enero de 2013

Doce. (En Hoy por Hoy León, 28 de diciembre de 2012)


Se termina este dos mil doce que comenzó envuelto en peste. El año de los recortes, que ya anunciaba de entrada su terrible condición regalándonos aquellos días nauseabundos de enero, no sé si se acuerdan, que por una parte parece que fue ayer, pero por otra, el río de los acontecimientos ha amontonado tantos sedimentos informativos que nos queda a años luz aquella pestilencia que colocó a León en las páginas de los periódicos de tirada nacional y en los magacines matinales de televisión. Aquel misterio del mal olor terminó resolviéndose en una montaña de boñigas, por eso digo que empezó apestoso este doce que ahora termina.

He tenido tentaciones de no escribir hoy este artículo y componerlo con frases recortadas de los que he ido escribiendo a lo largo del año. No se lo van a creer, pero el resultado final, que yo pensé que sería un refrito impresentable, tenía sentido. Había un hilo conductor, una idea martillo que machacaba de un modo más o menos sutil todo lo que se iba diciendo cada viernes: la idea de que los recursos son limitados, pero actuamos todos como si el mundo fuese un pozo sin fondo. Me parece que ese pensamiento machacón responde a la creencia básica, una idea casi adolescente, de que somos seres inmortales. Vamos por nuestra vida con la absurda convicción de que la muerte es cosa solo de los otros. Claro que, en una aproximación infantil, eso es lo que nos dice la experiencia: siempre son los otros los que se mueren. No sé por qué les cuento esto, tómenselo como una pequeña inocentada.

En el repaso del año elaborado con frases inconexas que había ideado para el artículo de hoy, no aparecía ninguna mención a los incendios. El fuego nos sorprendió en verano, en los meses en que no hay columna los viernes, pero no me gustaría dejar aquel desastre sin comentario y aprovecho ahora la distancia para hacerlo. Es enorme el porcentaje de incendios que esconde entre sus causas un interés económico. Se habló mucho de que es ahora en invierno cuando se apagan los fuegos del verano. Es casi una muletilla, una frase hecha. Me gustaría saber qué fuegos se están apagando ahora. Hubiera sido muy bonito que en las fotos del otro día, en la apertura de la LE-11, con todos los estamentos del poder ejecutivo, Gobierno, Junta, Diputación y Ayuntamiento reunidos junto al monolito de la inauguración, alguien hubiera dicho “y, además estamos apagando los fuegos que no habrá en el verano del trece, porque se están llevando a cabo las siguientes actuaciones: tal y tal y tal”, que ahí ya sí que a mí me pillan, que no soy ingeniero forestal y no sé qué es todo eso que hay que hacer en el invierno para que no ardamos en verano. Del otro incendio, del de la sede del Ayuntamiento de León, solo decir que, a pesar de las dificultades, que habrán sido muchas - ¿quién lo podría dudar?-, me queda esa sensación de desconcierto que te produce, al pasar mucho tiempo desde la última mudanza, descubrir que todavía tienes una caja sin abrir. Es decir, que hasta de lo más imprescindible podemos llegar a prescindir. Todo lo que se quemó ha sido olvidado, o lo será con el tiempo.

Feliz dos mil trece, en serio, lo digo en serio, no es ninguna inocentada.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Sentimientos. (En Hoy por Hoy León, 21 de diciembre de 2012)


Cuando a mi padre le preguntaban de dónde era, siempre decía que él era del pueblo de su mujer y eso es lo que me pasó a mí con mi amigo Isidoro, que dije que era de Babia, cuando la que es de Babia es su mujer y él anda diciendo que sigue siendo de Villaseca de Laciana. Es una cuestión de sentimiento.

Ayer, que era el día Internacional de la Solidaridad, estuve con ellos, no sé si se acuerdan, que ya les dije algo hace algunos viernes. Son maestros los dos. Los dos son artistas, uno haciendo callos y el otro tocando la guitarra, habilidades que les vienen del cielo, ¿qué le vamos a hacer? Al de Matadeón le dio por decir que había que hacer las cosas con sentimiento. Quizá ese es el secreto de los callos, el sentimiento más que el pimentón. Quizá ahí está el discriminante, la parte de la ecuación que decide si las soluciones son reales o imaginarias, el hecho de saber si lo que se hace se hace o no con sentimiento. Me gusta el modo de expresarlo de Castaneda en una de sus historias de Don Juan, cuando le dice al aprendiz de chamán que, en la vida, cuando se encuentre ante dos caminos, elija siempre el camino que tenga corazón.

Todos los caminos conducen a ninguna parte, así es que da igual el camino que elijas, lo importante es que ese camino que recorres tenga corazón y que lo recorras por entero. De eso se trata cuando hablamos de sentimientos. De recorrer enteros los caminos, de saber que uno camina por la senda que le hace feliz y que le lleva hasta el final. Sentimiento, Mario, sentimiento. Como tú decías ayer: puro sentimiento. Por eso, de todas estas campañas que se organizan con motivo de las fiestas de Navidad para ayudar a familias necesitadas, escojo siempre participar en aquellas que me parece que tienen corazón. No voy a decir que la campaña del Ayuntamiento sea un cuento como el de aquel gigante sin corazón, ni mucho menos. Me parece que es genial que se haya recogido ese dinero y que se haya podido ayudar a esas ochenta familias escogidas de entre las muchas que plantean alguna necesidad. “Un puente entre familias” ha sido el nombre de la campaña. Se les están repartiendo, desde los centros de Acción Social, alimentos y dinero en metálico, una campaña que despierta los buenos sentimientos entre familias, aquella vieja idea de unir a los que tienen necesidad con los que no estamos tan mal. Ya saben mi opinión sobre la caridad. La he expresado en múltiples ocasiones: me ocurre que creo más en la justicia. No obstante, comprendo los bellos sentimientos que envuelven en celofán de colores la caridad navideña. Y eso es mucho mejor que nada, claro está.

Por expresarlo de otra forma: cuando a una mujer que trabaja a diario por los desfavorecidos a través de una asociación de vecinos y que lleva todo el año proporcionando alimentos y ropa a familias necesitadas le pidieron que participase en la campaña, creo que lo dijo con todo sentimiento de su corazón, pero lo dijo muy claro - no sé si son palabras exactas, pero tal vez fuesen parecidas-: ¿a mí qué me venís a contar? Yo ya llevo dando de comer a esta gente todo el año.

Ese es el sentimiento, el puro sentimiento. Saber que la necesidad no se cubre con un kilo o con unos euros por Navidad. Felices fiestas.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Una luna de fin del mundo. (En Hoy por Hoy León, 14 de diciembre de 2012)


El fin de semana pasado colgaba del cielo una luna de fin del mundo. Colgaba casi a ras de suelo, tocando con los cuernos de luna menguante las azoteas de los edificios más altos y brillaba con un fulgor intenso, con la luz de la helada rebotando en su extrema delgadez. Era una luna apocalíptica, el final de la penúltima luna del año. A esa hora, quizá la una de la madrugada del sábado, una estrella recorrió el cielo por el norte; un fogonazo fugaz de varios segundos de duración con trayectoria de oeste a este, que podría haberse confundido con la estrella que hace más de dos mil años condujo a Belén a unos sabios tartessos, según explica Benedicto XVI en su libro “La Infancia de Jesús”.

Pensé que debía guardar la idea de esa luna de fin del mundo para compartirla con ustedes en este viernes, último viernes antes de ese fatídico veintiuno de diciembre señalado por los esotéricos para el final de la tierra tal y como la conocemos. Habíamos salido a dar un paseo por la ciudad para ver las luces que adornan algunas calles, esas en las que los comerciantes se han puesto de acuerdo para animar el consumo y, al volver al pueblo, el cielo brillaba sin que ninguna nube velase su perfección. Nunca podré contemplar una iluminación tan espectacular. Ninguna dotación presupuestaria podría competir con semejante arquitectura de arcos, alineaciones, figuras, brillos.

En la ciudad, los angelotes, los cristales de hielo, los paquetes de colores, las bolas que adornan los árboles, el recuerdo de que ya está abierta la campaña de ventas para la Navidad no consiguieron hacerme creer que no está pasando nada. En los carteles de los bares y de los comercios, bajo la leyenda de establecimiento colaborador con la iluminación navideña, se advierte la desesperada llamada a la normalidad: "¿Lo ven? Hay luces especiales en el cielo de las calles. Es una campaña como las otras". Ese es el mensaje aparente, pero a la vez, la disparidad decorativa, las evidentes diferencias de presupuesto entre unas calles y otras explican que algo oscuro está pasando. 

Lo ha dicho Alfredo Martínez desde la Federación de Comerciantes. Lo ha dicho Pedro Llamas desde la Asociación de Hostelería. Lo sabe cualquiera que se asome a la calle. Va a ser una campaña de ventas diferente. En una ciudad de funcionarios como esta, van a faltar muchas pagas extra. Lo vemos en los restaurantes, en lo fácil que es encontrar mesa en estas fechas, cuando en otras temporadas había que reservar con mucha antelación. Lo vemos en los centros comerciales, en los que hipotéticos compradores deambulan por los pasillos con las manos vacías de bolsas. Lo vemos en el pequeño comercio, agobiado por la crisis y la fagocitosis de las grandes superficies. 

Quizá sea verdad que el viernes que viene es el día del fin del mundo y por eso hay una Navidad sin consumo, ¿quién se lo podría creer? Empieza uno quitando la mula y el buey del portal y termina con los Reyes Magos convertidos en sabios andaluces, haciendo unas fiestas con la mitad de turrón y las compras justas. Si estará difícil el tema de las ventas que, ante la escasa demanda de consumo, hay un puesto del mercadillo que ha decidido hacer publicidad en la radio. Lo he oído en otra emisora, lo confieso, el puesto se llama “la boutique del mercado”. Los martes y viernes en Colón, miércoles en la Plaza Mayor y el domingo en el Paseo de la Condesa. 

Lo que digo, esto va a ser el acabose.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Adornar la realidad. (En Hoy por Hoy León, 7 de diciembre de 2012)


Es algo que surgió con mi hija hablando del modo en el que el Alcalde de León se defendía de la acusación de acosar a un testigo en relación con la famosa carta. Se trata de lo siguiente: si un testigo en un juicio está obligado a decir la verdad de cuanto sabe acerca del asunto que se juzga, ¿qué más da que lo presente la defensa o que lo presente la acusación? En principio, ateniéndose al espíritu de la justicia – ya saben ustedes que dicen que es ciega-, daría lo mismo que el testigo fuese de la defensa o de la acusación, al final, tendrá que decir lo que sabe. Claro que la cuestión está en que a una parte o la otra le interese que determinados testigos hablen o se callen. Vamos que el problema no debería ser que García Prieto vaya al juicio de la mano de la acusación. En principio, si la justicia es como debe ser, si va por la defensa o por la acusación debería ser indiferente.

Pero cabe pensar que la justicia no sea pura. Alguna mente malpensante, que no la mía, podría decir que no es enteramente ciega, que la venda que le cubre los ojos, si no es transparente, por lo menos es traslúcida y deja adivinar la silueta del que es juzgado, de manera que los testigos no son siempre enteramente veraces y tienden, a pesar de las severas advertencias de los jueces, a explicar los hechos desde la perspectiva que más conviene a sus intereses. Es evidente que un testigo, cuando testifica, puede, como dijo mi hija, “adornar la realidad”. Desde esa perspectiva se podría entender cierta preocupación ante la idea de un compañero de partido ejerciendo como testigo hostil. Se entiende sí, pero la pregunta es, ¿acaso no es García Prieto procurador por el PP? ¿Acaso no fue Presidente de la Diputación? ¿Por qué le molesta al partido que sea llamado al juicio por la acusación? ¿Es una cuestión de estética? No deberían temer al modo en que el expresidente adorne la realidad y menos a la verdad pura y dura, que es lo que en un juicio se debería conocer.

Me gustó la idea de que los testigos no mienten, sino que adornan la realidad. Algo muy propio de estos días en los que vestimos de fiesta esta realidad terca y triste. La realidad de los que sufrimos el festín de los que terminaron insolventes con millones escondidos en las esquinas. Vestirse de fiesta, sí, pese a las colas de las Oficinas de Empleo, los anuncios de huelga, los rumores de cierre.

Hay uno de esos rumores que me ha llegado estos días y que tiene que ver con adornar la realidad, con el modo de vestirse. Me han dicho que corre peligro el Museo de la Indumentaria Tradicional Leonesa de Valencia de Don Juan. Seguro que no es un museo rentable, pero debemos hacer todo lo posible para que no se cierre. Si no lo han visitado, háganlo cuanto antes. Vayan este fin de semana, dejen que Pedro o alguno de sus compañeros les cuente por qué son así los trajes, por qué se vestían de ese modo, cómo eran las cosas no hace tantos años, cuando el ritmo de la vida era un ritmo lento que devoraba los días al mismo compás que el devenir del tiempo. Que no se pierda el enorme trabajo que hay bajo las faldas de ese Museo, que no se cierre la oportunidad de aprender tantas cosas en una visita tan agradable.

martes, 4 de diciembre de 2012

Cosas que podríamos colar. (En Hoy por Hoy León, 30 de noviembre de 2012)


Tras la entrevista del martes al Consejero de Fomento de la Junta de Castilla y León, me quedó la idea de hacer una lista de cosas que podríamos colar. Se me ocurrió al escuchar su reacción a la pregunta de Chechu sobre la posibilidad de “colar”, dicho entre comillas, si es que las comillas se pueden usar en la radio, la autovía León – Bragança en el Plan de Infraestructuras hasta 2024.

Por ejemplo, podríamos colar las palabras “crisis” y “catarsis” en una reunión de la Comunidad de Vecinos del modo siguiente: “Ante la crisis que supone el incremento del coste del mantenimiento del ascensor, se propone una catarsis de la energía acumulada en los sucesivos enfados de los vecinos cada vez que llega la cuota. Tal solución, aprovechando el coste cero de las escaleras, pasa por subir andando y los del sexto que hagan piernas”. Y que quede claro que todos tenemos legitimidad para hablar, eso sí, lo que es tener derecho a hacerlo es otro tema.

Cosas que también podríamos colar: una actitud. Un modo deportivo de entender la vida. Vamos a colar un eslogan, vamos a ser didácticos, vamos a establecer ámbitos de responsabilidad política y territorial. Esta es la idea: unos miran por León, mientras otros miran más allá. Por eso, porque en el fondo todos estamos obligados a mirar un poco más allá, porque una cosa es lo que debería de ser y otra lo que es, tenemos que comprender que el vendaval de la crisis sopla contra Vestas, le levanta el flequillo a los medallones de la fachada del Parador, saca de los mostradores a cientos de trabajadores de aquello que antes fueron las Cajas, empuja a mirar más que nunca por cada euro que se gasta. La crisis se convierte en realidad y la realidad obliga, de manera que la prioridad no está en las infraestructuras. Por eso Renault quiere que los componentes de sus coches se fabriquen lo más cerca posible de sus propias fábricas, porque tiene que mirar cada euro y no porque la capital de la provincia de Valladolid sea Valladolid, que eso es solo una coincidencia.

Podríamos colar juegos de palabras que, fuera de contexto, y pido sentido del humor para entender la pequeña broma, se muestran como conceptos sublimes. Apunto tres: la “capacidad de movilidad por parte del modo aéreo” que es algo que tanto sirve para el complejo vuelo del buitre leonado, como para la inverosímil técnica de manejo de platillos volantes; “la imposibilidad medioambiental del desdoblamiento”, que aplicado a una autovía que no se puede construir adquiere el significado de que, en tiempos de crisis, no hay mal que por bien no venga; y, por último, con la debida veneración y salvando las distancias, la impronta surrealista o, si se me permite, el concepto Azcona, la idea de “adelantar todo lo que no suponga ejecución”, una frase que quizá Gila apostillaría diciendo que las ejecuciones son muy feas y a veces manchan y se le queda al ejecutado una cara así como de pocos amigos que da pena verlo, ¿sabe usted?

En fin, lo que se puede hacer se hace y se hará. Lo que no se puede hacer no se puede decir que se va a hacer. Pura metafísica. Lo dijo Wittgenstein en el Tractatus: “lo que se puede decir, se puede decir claramente y de lo que no se puede hablar, lo mejor es callarse”. Lo malo es que luego se desdijo.