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viernes, 1 de marzo de 2013

Más Pinocho que Pepito Grillo. (En Hoy por Hoy León, 1 de marzo de 2013)


Hoy toca política, disculpen. Bueno, ¿política o juego de tronos? Porque de política siempre está uno dispuesto a hablar y, si pido disculpas, no es por eso, que seguramente la política es una de las actividades más nobles de quienes vivimos en sociedad. Si pido disculpas por hablar de ella es porque nuestra política se ha ido desnaturalizando al separarse el debate de los políticos del debate sobre los problemas reales de la convivencia cotidiana. También la política se ha ido profesionalizando, de manera que hacer política ya no es una discusión sobre lo que conviene a la polis, sino que es una lucha por el dominio de los medios de producción de la maquinaria burocrática que la controla, actuando de modo semejante a una empresa, sin ser una empresa, sin que quienes gestionan esa pseudo-empresa sean responsables del capital, aunque, en algunos casos notoriamente lamentables, eso no les impida apropiarse de él.

Seguro que han conocido los resultados de las elecciones italianas: un mar de siglas ingobernable. Y la gente se levanta todas las mañanas y quien puede va a trabajar o a sus estudios o a sus tareas o a su desesperación diaria de impotencia ante esta crisis injusta. Las vespas siguen como locas por las calles imposibles y el dolce far niente se sentará en las terrazas de cualquier plaza en cuanto llegue la primavera. Al impulso del mundo le da igual que haya Sede Vacante desde ayer en el sillón de Pedro, como le importa poco que se conforme o no un gobierno sólido en el Quirinal. El impulso del mundo funciona ya con mucha inercia y veo difícil que la dificultad para formar gobierno lo vaya a frenar. ¡Cuánto más en una ciudad como Ponferrada! Hasta se hará el mundial de ciclismo gobierne Juan, Perico o Pericán y la estatua de Pepe el barquillero seguirá viendo pasar la vida desde esa esquina honorífica frente al Instituto, entre el Hotel Aroi y el Ayuntamiento, testigo mudo que será de lo que tenga que pasar después del 8 de marzo.

Y tiene muchos bemoles que sea precisamente el 8 de marzo, el día de la mujer, cuando Ismael Álvarez dimita nuevamente, esta vez para que su partido, ese que lleva su nombre, se siente aunque sea de lado en la poltrona del poder. Hay quien dice que ocupará más asiento del que nadie se imagina, el PSOE sabrá. Desde luego, visto lo que ha pasado en Italia y visto lo que nos está pasando aquí, me parece que tenemos más Pinochos que conciencia. No soy adivino. Me cuesta ver cómo gestionará Grillo su éxito, pero me sabe a oportunidad de aire fresco. Aquí todavía huele todo a que hay más madera. Pinochos como para poner una tienda, sin que se vean grilleras. Si será delicado el panorama, que se cuenta que en el PSOE hay miedo a que, a pesar de haber firmado la moción de censura en Ponferrada, a la hora de la verdad a algún Pinocho se le pare el corazón.

Me viene a la memoria la canción infantil que decía: “El caso es que Pinocho estaba grave y en sí de su desmayo no volvía, y el doctor cirujano no sabía cómo ponerle a Pinocho un corazón. En eso llegó el hada protectora y, viendo que Pinocho se moría, le puso un corazón de fantasía y Pinocho sonriendo, despertó”.

sábado, 23 de febrero de 2013

Nosotros como en Nueva York. (En Hoy por Hoy León, 22 de febrero de 2013)


Nosotros, como en Nueva York, que para eso somos viajados, no se vaya a pensar el Ministro Montoro que él es el único que ha visto mundo. En todas las informaciones que he leído se habla de Sevilla o de Córdoba y no de otras ciudadades en el mundo que también ofrecen un paseo en calesa entre sus atractivos turísticos, por ejemplo Nueva York. Ya puestos a hacer algo por la sencilla razón de que otros lo hacen, fijémonos en los más grandes. Una pena que se nos quede pobre ofrecer un paseo en barco por el río o un vuelo en helicóptero entre los rascacielos.

Sé que el asunto de la calesa no tiene mucho recorrido. Se trata de algo pintoresco que tendrá su momento de gloria, dado que el empresario que va a poner en marcha la iniciativa vivirá su fama particular en un popular concurso de televisión y no será ya la calesa turística de León, sino que, de algún modo, será también la televisiva calesa de Mirantes. Todo es publicidad. Todo suma. Lo que importa es que no se llene todo de defecaciones y que el braguero que han pensado al efecto funcione correctamente, porque era lo que nos faltaba, tener un caballo dando vueltas por la calle Ancha dejándolo todo perdido. Quiero decir que espero que el novedoso servicio se realice de la forma más higiénica posible, que los caballos ya se sabe, aquí, en Brujas y en Nueva York no pueden evitar hacer lo que hacen.

Mejor sería generar un producto turístico más allá de la Semana Santa, el Barrio Húmedo o los atractivos que llevamos vendiendo toda la vida. En el argot se hablaba de “enseñar piedras” como uno de los modos de promoción turística menos elaborados de la industria. Bueno, ahora ya podemos “enseñar piedras” desde la calesa. No está mal. Es un avance. Siempre he creído que León tiene unas posibilidades enormes como destino turístico. Lo digo sin la pasión de ser leonés, porque no lo soy, pero he aprendido a amar las piedras de esta ciudad sobre la que se ha ido construyendo la historia y me gustaría que, desde fuera, se pudiesen ver en ella más posibilidades que la espectacular presencia de la Catedral y la sobrecogedora intimidad de San Isidoro. Pero para eso nos hace falta todavía crear un producto, algo que permanece sin hacer, bajo la secular inercia de las instituciones y las empresas, que se miran el ombligo sabiendo que están vendiendo un destino de primera magnitud, pero haciendo la guerra cada uno por su cuenta. Así es que, bienvenida sea la calesa de Mirantes si es que sirve para hacer producto.

Ha sido desolador el informe de la FELE sobre el año 2012. Crudo como la vida misma. Datos que anuncian un futuro escasamente prometedor. Crece el número de agricultores, mal dato si es porque no se encuentra otra posibilidad. No obstante algo se mueve: parece que tendremos una calesa. Además se ha oído esta semana que habrá un impulso a la actividad del Mercado del Conde, abriéndolo por las tardes y explorando otras posibilidades de explotación que ya funcionan con éxito desde hace años en otras ciudades. Pero ¿serán palos de ciego o habrá una estrategia calculada? Piensen en el resumen que hacía María García del Hoy por Hoy de la semana pasada: pobreza energética, la mejor vendedora de la ONCE, un conductor de quitanieves y el afilador. Nosotros, como en Nueva York.

viernes, 15 de febrero de 2013

Fracking. (En Hoy por Hoy León, 15 de febrero de 2013)


Los americanos lo llaman Fracking, un término que ha hecho fortuna y que se impone al castellano “fracturación hidráulica”, más engorroso, pero más descriptivo. Supongo que ya habrán oído hablar del tema, porque tuvo mucho bombo en los debates de la campaña americana a la presidencia y ha estado de moda hace algunos días al presentarse en un juzgado de Úbeda una demanda para que se investigue si esta actividad tiene algo que ver con los terremotos de Jaén.

En realidad esto de la fracturación es una cosa bien sencilla, al menos tal y como yo la entiendo. Consiste en inyectar agua a presión, arena y un cóctel de productos químicos hasta unos cinco mil metros de profundidad para romper las rocas del subsuelo y liberar un gas conocido como gas de pizarra o gas de esquisto. Este gas ha sido toda una revolución en la política energética norteamericana, que, gracias a él, se plantea ahora un horizonte de autosuficiencia energética a corto plazo. De hecho, la industria estadounidense del carbón ya está dirigida fundamentalmente a la exportación, porque le resulta más rentable utilizar el gas como fuente de generación de electricidad, de manera que vende carbón a los países de economía emergente y reduce sus emisiones de CO2. Negocio redondo: sin necesidad de echar el cerrojo a sus minas, produce energía de forma más barata y contamina menos.

Aquí en España también se ha visto esa jugada, no vayan a pensar, que esto no es tan nuevo. Igual es por eso que ya no interesa tanto el carbón. Igual es por eso por lo que hubo un despliegue desmedido de lo que se conoce como Centrales de Ciclo Combinado. Pasa siempre: lo que nosotros vemos es solo una parte pequeña de la realidad. Se ríen de mí mis hijos, porque dicen que en todo veo conspiraciones. Quizá tengan razón. Quizá esta coincidencia entre la desaparición del carbón –y no me refiero al que ha desaparecido por efecto de la lluvia y el viento- y el auge de la extracción de gas pizarra por fracturación hidráulica sea eso, una simple coincidencia. De los peligros de “la fracturación esta” no voy a hablarles. ¡Para qué nos vamos a agobiar! Si los americanos han visto ahí la clave de su autosuficiencia energética, ¿qué más dará que países como Canadá, Francia o Alemania se hayan planteado moratorias en la extracción de gas por fracturación al no conocer con exactittud las consecuencias a largo plazo de estas prácticas tan agresivas con el subsuelo? Follow the leader!

La verdad es que hay días que me enredo en cosas que ni yo mismo entiendo. ¡Fíjense que hoy solo quería hablar de esa nueva categoría de pobreza, esa que se ha dado en llamar pobreza energética! Dice Cruz Roja que va a poner en marcha un “Centro de Higiene” para que puedan asearse y hacer la colada personas que no tienen en sus casas suministro eléctrico y yo aquí liándome con los grandes follones de la producción de la energía, ¡cómo si las empresas eléctricas, pobrecitas ellas, pudieran controlar la impresionante subida del recibo de la luz! ¡Cómo si eso importase mucho en medio del maremágnum de intereses que se mueven en los despachos de las grandes compañías! ¡Cómo si a alguien le pudieran interesar las consecuencias de mantener el consumo desbocado que está convirtiendo este planeta en un basurero encerrado en una nube de contaminación!

jueves, 7 de febrero de 2013

Tengo, tengo, tengo. (En Hoy por Hoy León, 8 de febrero de 2013)


Hace algunos años, arropados por el cuero de los asientos de un suntuoso Audi, un por entonces joven empresario leonés me preguntó qué significaba para mí ser rico. “Rico, pero rico de verdad”, me dijo. Hablaba solo de dinero, claro está, y le contesté en su lenguaje, pero diciéndole más lo que él quería oír que lo que yo podía pensar. También es verdad que por entonces trabajaba en el área de la gestión empresarial y tenía en mi cabeza un horizonte demasiado poblado de cifras, proyecciones, análisis de cuentas y optimización de recursos y tampoco había tenido todavía algunas de las experiencias que en estos últimos tiempos han ido ajustando mi forma de entender el mundo.

Eran los años del furor del crecimiento y los gestores financieros hacían su agosto manejando el pastel de los fondos de inversión y demás productos para la multiplicación de los panes y los peces. Algunos de aquellos presuntuosos delfines de la banca, que nos metieron por la vía muerta de la especulación en este jardín lleno de zarzas en el que andamos hoy, se retiraron de forma prematura a sus palacios de invierno y se parten de risa al contemplar las zozobras del personal. Otros andan igual de enganchados en el zarzal que la mayoría y muchos, muchísimos, se han apuntado a eso de la insolvencia. Esa insolvencia que protege los bienes de tantos, como aquel empresario del que les hablaba al principio, ese que me preguntó cuánto dinero había que tener en Suiza para poder decir que uno es rico, ese que hoy es formalmente insolvente y que, no se vayan a confundir, es uno de tantos, un empresario anónimo cuya debacle no ha salido en los papeles, que pasó de manejar cuentas con millones de euros a ser uno más en esa lista de insolventes. Por eso me encanta la figura de la insolvencia punible, porque, como en cierta ocasión me dijo una empresaria dedicada a la promoción de viviendas, “esto de la Ley Concursal es una maravilla” y me lo dijo mientras me contaba que su empresa había entrado en concurso de acreedores, pero que ella estaba fenomenal, porque acababa de llegar de Miami donde había visto no se cuántas maravillas y quizá, digo yo, alguna nueva oportunidad de negocio.

No, que no se me enfaden en las confederaciones empresariales, que ya sé que en nuestro país ser emprendedor no es fácil, que llevar adelante una empresa en las circunstancias actuales tiene un mérito enorme, pero es que hemos visto mucho de lo otro: hemos visto mucha insolvencia punible. Cajas repletas de billetes en oficinas de empresas en quiebra. Difícil equilibrio el del derecho al beneficio proporcionado del emprendedor y el derecho del trabajador a participar de esos beneficios, aunque sea simplemente en términos de seguridad.

Es triste, a mí me lo parece, ver a importantes empresarios leoneses bajo sospecha. Es triste leer en los titulares de un periódico las duras noticias sobre la difícil situación del dueño del otro periódico y al revés. Es triste, créanme, pensar que no sabemos ni la mitad de lo que deberíamos saber, por mucho que se hagan públicas las declaraciones de los Consejeros, por mucho que en la prensa se aireen los trapos sucios del vecino de enfrente.  Tengo, tengo, tengo, decía aquella canción infantil. Y ya va siendo hora de que comprendamos que tú no tienes nada, si lo que tienes es solo dinero o algo semejante.

Sobresaltos y sobresueldos. (En Hoy por Hoy León. 1 de febrero de 2013)


Si hace quince días eran candelabros, hoy tocan las velas. Cada palo que aguante su vela. Se ve que no imaginaba Dolores de Cospedal que la cerería estaba abierta y el repartidor tenía preparado un listado de entregas tan llamativo.

Así es que aquí estamos los ciudadanos, perplejos. Hay una novela que les recomiendo, si les gusta la novela negra. “Liquidación Final” de Petros Márkaris. Otra del detective Kostas Jaritos, en la que el comisario se tiene que enfrentar a una serie de crímenes cometidos por un asesino que se hace llamar “El Recaudador Nacional”. Este Recaudador no asesina a cualquiera, sino que escoge sus víctimas por su grado de corrupción, exigiéndoles que devuelvan al país lo que han estafado al fisco, si no quieren ser objeto de una liquidación final: su asesinato. La verdad es que la novela es sobrecogedora, porque Márkaris describe una sociedad griega deprimida, angustiada y abocada al desánimo. Claro que es solo una novela y en Grecia no hay las cifras de paro que tenemos en España. Me hace gracia pensar en este país que nos cuenta Márkaris y recordar la alarma de Esperanza Aguirre cuando clamaba contra la helenización de España.

Y estamos todos tranquilos, como Rajoy. A eso de las diez de la mañana, señoras de mediana edad o de edad ya avanzada irán a sus clases de gimnasia de mantenimiento en los bajos del Palacio de los Deportes y en la Avenida Sáenz de Miera circularán los coches como si nada. Se detendrán en un semáforo y mirarán cómo se esfuerzan las señoras por seguir las indicaciones de su instructora. Pasarán por delante del Parque de Bomberos, ese que tanto da que hablar, y dejarán a la izquierda el edificio de los Juzgados, con la sensación de que la justicia funciona igual para todos y que lo mismo castiga a quien falsifica un tiquet de la hora, a quien utiliza una tarjeta ajena para comprar en un supermercado o a quien se lo monta con facturas sin IVA o cobrando sobres con sueldos que no pagan IRPF. Prácticas tal vez habituales en muchas empresas españolas, no digo yo que también se practicasen en el PP, porque es verdad que lo que publicó El País tal vez no sirva como prueba en un tribunal, pero ¿no creen que ya es hora de que no nos hagamos más los tontos? ¿No creen que ha llegado el momento de decir que, si las cosas son lo que parecen, es mejor intentar una solución drástica? El problema es que se nos hierve la espuma en la boca y ni siquiera gritamos y ese vacío, esa falta de impulso, es utilizado por quienes nos gobiernan para negar las cosas y establecer como verdad la realidad que les conviene, sea o no sea auténtica. O peor aún, aparece la tentación de soluciones por la vía rápida que solo conducen al totalitarismo y al populismo, pero que no resuelven los problemas. Es más, se corre el riesgo de confundir los términos y hacer de una liquidación final, una “solución final”.

No hay sitio ya en la cola de los indignados. Ya no se cabe. Ahora hace falta cambiar las cosas. Y está ocurriendo, porque lo que antes pasaba inadvertido, ahora se subraya, como hizo ayer Radio León con el asunto de las retribuciones en el Ayuntamiento. No hay nada ilegal en ellas, no hay nada raro. No estoy uniendo una cosa con la otra, pero sumen, sepan lo que hay. Pasen y vean. Y dejen de mirar por los cristales.

jueves, 24 de enero de 2013

Los colores del viento. (En Hoy por Hoy León, 25 de enero de 2013)


“Aquí no hay tiendas. Ni móviles. Tampoco alguien a quien pedir ayuda”. Es una frase del documental “Los Colores del Viento” en el que Iván Menéndez cuenta la historia de Francine, una mujer francesa que vive sola en un pueblo abandonado de la montaña astur leonesa. “Me tuve que organizar bien”, dice Francine en una secuencia del documental. Organizarse bien, ¡menuda tarea! Aprender a distinguir lo imprescindible de lo accesorio, acostumbrarse a la autonomía total, sabiendo que todas las necesidades que te puedes permitir son solo aquellas que tú solo puedas satisfacer. ¡Menuda heroicidad!

¿A quien asustaría saber que hay un reportaje sobre esta mujer en Interviú? Poco importa. Me hacen pensar los colores del viento en historias sencillas, que pesan más que los grandes escándalos millonarios que nos enfurecen acodados a la barra del café de las mañanas. Vociferantes de salón que somos, dejando pasar el tiempo en futuras investigaciones y juicios y declaraciones y demás actuaciones reflexivas en las que los políticos se permitirán a sí mismos una vez más todo aquello que se quieran permitir. Ni tiendas, ni móviles, ni bancos, ni ruido, ni tráfico, eso sí, nadie a quien pedir ayuda. Necesidad de ser mayores, dejar por fin atrás la infancia.

Historias sencillas, como la que me contaba el amigo Paco Alonso, hablándome de un sanabrés que le vendió unas botas con canutillo y fuelle, botas con toma de tierra, y le regaló una botella de vino a modo de tarjeta de visita. “Como no tengo tarjetas”, le dijo, “llévate esta botella que lleva en la etiqueta mi teléfono”. Hablábamos ese día, compartiendo la botella, otra vez de las enfermedades de civilización y me decía que algo de lo que nos pasa es que no somos capaces de asumir nuestra propia edad: los jóvenes pretenden ser mayores de lo que son y los mayores queremos ser jóvenes. Puede ser. Nos habla esa historia de Francine, la sencilla historia de su autonomía, su mayoría de edad. Yo creo que no es tanto una cuestión de años, como de actitud. Se llama también libertad. Libre para hacer, libre para opinar, libre para pensar. El sentimiento del ser autónomo adulto, ese que realmente puede gozar la felicidad al margen de todo plazo de tiempo.

Lo que nos frena, lo que nos enreda en el tejemaneje diario, en el runrún de las prisas, el dinero, las compras, es lo contrario de la libertad, se llama apego y rima con ego. Es con eso con lo que juegan quienes manejan la pasta, con nuestros pequeñas envidias, nuestra pequeña ruindad, nuestra pueril dependencia. Todos nos afanamos en ser ricos, famosos, reconocidos, persiguiendo un ego que es solo el eco de la verdadera felicidad. Sé que contarle todo esto a cualquiera de los millones de parados que hay en nuestro país puede parecer un insulto, lo sé y pido perdón a quien se ofenda, aunque creo que los cambios que necesitamos hacer no esperan y pasan por aquel viejo sueño de la Ilustración que consiste en que alcancemos finalmente la mayoría de edad.

Son pensamientos fríos, avivados por la estampa hermosa del cementerio de Pardavé en una tarde de sol en la que pisábamos una delgada capa de nieve, frente a la soledad de algún genio como Mozart en el día de su entierro.

lunes, 21 de enero de 2013

Candelabro. (En Hoy por Hoy León, 18 de enero de 2013)


Aquel famoso lapsus de una Miss España nos puso a todos “en el candelabro” para referirnos a esas situaciones en las que alguien se ve expuesto a la mirada de los demás, al juicio de los otros, por la extremada publicidad de un suceso o noticia. Ya es tan coloquial la expresión que, para algunos, queda muy lejana la expresión “estar en el candelero”, que es la que dio origen al error. Sofía Mazagatos se sentía tan agobiada por estar siempre en el candelero que subió de categoría al artilugio y lo convirtió en candelabro.

En esta semana, de los sucesos o noticias que han estado en el candelero, hay muchos que me resultan inquietantes, sin necesidad de hablar de Siria, de Mali, de Argel o de los vaivenes de la política nacional al hilo de los ecos de la corrupción. Me inquietan los movimientos que se advierten en el terreno barrenado de la minería, la caída en picado del número de autónomos, los kilómetros de ida y vuelta que no parecen quitar el sueño a nadie, pero que llenan páginas y páginas de información. Me duelo del accidente de tráfico que se ha llevado este martes la vida de dos jóvenes que volvían a su casa en la confianza de estar viviendo un martes cualquiera, sin saber que era un martes de dolor, un inusual martes tocado de espanto.

Ha sido esta la semana del Decreto de Ordenación de las enseñanzas de Grado y Máster en el ámbito de Castilla y León, por su presentación a los Rectores, algo que, ante la crisis, ha vuelto a poner en el candelero, que no en el candelabro, la necesaria reordenación del modo en que se organiza la enseñanza universitaria en nuestra Comunidad. Y ha hablado el Consejero, esta vez sí, de “enseñanzas candelabro”, de fusión de titulaciones y de dobles titulaciones, con la idea de que los recursos que existen se aprovechen al máximo. Así dicho, suena bien y no se entiende por qué no se ha hecho antes, por qué ese despliegue de hiperespecialización. Dice el Rector Hermida que le parece bien la medida, que “trata de poner orden en una cosa que realmente se ha ido de las manos” . Ya lo escribió Ockham en el siglo XIV, no se debe postular la pluralidad sin necesidad o en su forma más conocida: no es necesario multiplicar los entes sin necesidad. Y la Universidad en Castilla y León ha sido un continuo multiplicar de entes. En realidad, la universidad española ha sufrido un proceso de multiplicación casi equiparable al modo en el que se han reproducido los aeropuertos. Ahora nos encontramos con aeropuertos en los que no vuelan ni las moscas y grados en los que no se matriculan alumnos suficientes, pero, como es natural, nadie quiere cerrar su aeropuerto o que se elimine su escuela y tenemos que encontrar soluciones tipo candelabro. Como el propio Hermida ha declarado, “si tenemos un poco de imaginación, podemos sacar cosas positivas”. Es un viejo eslogan, la imaginación al poder. Habrá que meter la navaja de Ockham en la Universidad como en tantas cosas, pero que se haga pensando en los próximos veinte o treinta años, no para resolver el problema inmediato del presupuesto de este curso que no nos llega para pagar los membretes de los folios.

¿Se acuerdan del Cluedo? ¡Que no tengamos que decir que la Junta se cargó la Escuela de Minas en el marco de la crisis con el candelabro!