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sábado, 18 de mayo de 2013

Esvásticas, insectos y entradas para el fútbol en el aniversario del 15 M. (En Hoy por Hoy León, 17 de mayo de 2013)


En el ojo de pez que hay a la salida de mi casa ya no se ve si vienen coches de la derecha ni de la izquierda. Algún vándalo ha hecho una pintada en el espejo, una pintada con el símbolo nazi de la cruz gamada. La primera vez que lo vi estaba medio dormido y no me fijé bien. Pero llevo ya muchos días enfrentándome a él cada vez que salgo. Hay pintadas semejantes en las paredes, pintadas que recuerdan aquellos viejos enfrentamientos de los años setenta que señalaban ciertos barrios como “zona nacional”, pintadas que simulan puntos de mira, avisos de bronca, un juego insensato de provocación.  Porque, es verdad, también hay a montones mensajes de los llamados “antinazis”, muchachos que en algún caso no tienen ni idea de lo que fue el Holocausto más allá de la Lista de Schindler o El Niño del Pijama de Rayas. Con todo, me asombra ver cada mañana la esvástica dibujada en el espejo que miro forzosamente para saber si hay tráfico. Me asombra y me enciende. ¿Quién está colocando en la cabeza de nuestros jóvenes la idea de dibujar esvásticas por ahí? ¿Qué clase de moda es esa?

A algunos colectivos integrados en el 15 M se les ha asociado con movimientos antifascistas, se les ha descalificado con despectivos clichés. Se les ha llamado “perroflautas”, “okupas”, “anti-sistema” y yo que sé qué otras lindezas en un intento por desactivar una idea que venía empujando en contra de lo que el viernes pasado Chechu Gómez calificó con exactitud, en una de sus perlas del informativo de las nueve menos diez, como “políticas florero”. Hay un hartazgo de las políticas florero. Chechu lo decía a propósito del panfleto machista de Santovenia de la Valdoncina y la falta de respuesta del PSOE ante la insistencia del PP para que tome alguna medida, algo que en ese momento todavía no había hecho. Política florero. Decimos, proclamamos, exigimos, pero, cuando nos vemos en la situación, nos convertimos en un jarrón chino. Y nos estamos cansando de tanta flor. Tanta pose, tanta campaña, tanto bienqueda, tanta foto, tanto relumbrón y tanta miseria.

Me gusta la nueva pintura en los pasos de cebra: según se entre en él se le advierte al peatón que mire a la izquierda o a la derecha. Si vas, miras a un lado. Si vuelves, al otro. Es bueno saberlo. No sé si hacía falta, pero hay que reconocer que es bueno saberlo. Lo que ocurre es que, como es tan amarilla la pintura y llama tanto la atención, donde miras es al suelo y no miras ni a un lado ni al otro. A la mayoría no nos hace falta que nos digan hacia dónde tenemos que mirar. Yo sé lo que me duele tener que ver una esvástica pintada en el espejo cada vez que salgo de mi casa y sé que el movimiento del 15 M está cambiando el modo de pensar de muchas personas, a pesar de la habilidad de los políticos florero para traer todo a su terreno.

Acuérdense de los romanos, que, cuando el pueblo se encendía, le daban pan y circo, pan y toros en versiones más recientes. Ahora dan fútbol, eso sí, por la tele, que para conseguir una entrada en un partido como el de esta noche hay que dejarse un pico y, a falta de pan, dicen en la OMS que volvamos a comer insectos, que tienen muchas proteínas y hay muchos. Fijo que ellos no se los comen y si les apetece irse al fútbol, tienen gratis una entrada de las de más de doscientos cincuenta euros.

viernes, 10 de mayo de 2013

Corrosión del carácter. (En Hoy por Hoy León, 10 de mayo de 2013)


Hay un sociólogo anglosajón que, desde la perspectiva del pragmatismo, analiza la realidad del trabajo en un ensayo titulado “La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo”. (Richard Sennett, 1998). En este libro, Sennet dice que  el corto plazo hace imposible la confianza; y que la presión por la obtención de resultados de manera eficaz y eficiente ha convertido a la persona en un ser que debe reinventarse cada día para ser competitivo en su entorno.

Parece que hay que olvidarse definitivamente de la idea de definir a una persona por su profesión. Ya no podremos hablar del zapatero de la esquina. Ni siquiera podremos hablar de Ino, el de la pollería de la calle Villafranca, aunque lo diga su cartel y su negocio, porque el artesano o el comerciante que han desarrollado toda su vida en una misma actividad son fenómenos a extinguir. El mundo ya no es así. La exigencia del nuevo capitalismo nos aparta de nuestra identidad: el hombre ya no es más su trabajo. Ya no hay ni tan siquiera un trabajo. Si hace cuatro días se hablaba de flexibilidad, de reconversión, incluso de los eufemísticos “mini jobs”, ahora ya estamos dos casillas más allá, por eso no es corrosión del carácter, lo que hay ya es desesperación. Lo dice este sociólogo: el hecho de vivir bajo la idea de “nada a largo plazo” socava la confianza mutua, hace imposible el compromiso. ¿En quien pueden confiar los trabajadores que hasta hace nada estuvieron haciendo esfuerzos para sacar adelante sus empresas, aguantando EREs, trabajando horas extra, cuando descubren de un día para otro que ya no existe, que su puesto de trabajo se ha esfumado en el intercambio de acciones? ¿A qué empresario, si es que tienen la suerte de volver a encontrar trabajo, podrán creer ya? No quiero hablar de empresas de aquí, porque me da la sensación de que me repito cada viernes. Podemos hablar, por ejemplo, de un gigante como Pescanova que se desmorona parece ser que para caer en manos japonesas. El dinero japonés se está convirtiendo en nuestro alivio y esperanza. Es el río de inversión japonesa lo que está manteniendo a flote esa deuda que nos embarga cada vez que abren la boca nuestros políticos, esa presión que nos cuesta más que todos los recortes. El dinero llega de Japón, para chocar con China. O lo que sea, que uno ya no tiene interés por más cosas, salvo que sabe que hay algo que ha venido a corroerle el carácter, a socavar su confianza. Pero como vinieron a por los comunistas y yo no soy comunista, no hice nada. Ya saben.

Y dice la Presidenta del PP de León que va a denunciar a quienes vuelvan a llevar a cabo protestas como las que en estos días pasados han causado molestias a los vecinos y problemas en la propia sede, al tener que quitar los huevos que se habían lanzado durante las mismas, algo que, es verdad, cuesta dinero. También se podría decir aquí que, como a mí no me tiraban los huevos, yo no hice nada. Seguro que no deberíamos llegar a esta situación. Pero, ¿quién se atreve a pedir confianza a quienes se manifiestan porque ven cerradas todas las puertas? Seguro que han visto ese anuncio del Atleti en el que un grupo de señores de mediana edad se presentan a una entrevista de trabajo. Es bonito, sí, pero muy duro. Yo me acuerdo de muchos amigos que trabajan en la Caja pensando que tienen un trabajo para siempre. Ya, ya sé, que como yo nunca he trabajado en la Caja no hace falta que diga nada. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Mayo: uno, dos,...tres. (En Hoy por Hoy León, 3 de mayo de 2013)


Así es que se quejan los hosteleros del Barrio Húmedo de competencia desleal por parte de los sindicatos. ¿Qué les parece? Entiendo que la cosa debe ser porque en la noche del 30 de abril al día 1de mayo hubo una fiesta en la Plaza Mayor en la que se podía comprar bebida y comida a precios más baratos que los que se cobran en los bares de la zona. Es una discusión recurrente, algo que ya ha ocurrido otros años. Si se asoman a Google encontrarán un intenso cruce de comunicados que tuvo lugar a raíz de la fiesta que Comisiones organizó en la Plaza Mayor en 2.011. Aunque es historia reciente, es historia y deberíamos aprender algo de ella. Ya sé que agua pasada no mueve molino y no quiero recuperar aquí la agria discusión de hace años, lo que ocurre es que hay algunos términos que se repiten y me interesa saber por qué hay obsesiones que vuelven y vuelven.
¿De verdad no les parece bien a los hosteleros del Húmedo que se convoque una fiesta al lado de sus negocios a la que acuda un volumen importante de posibles clientes? ¿Es en serio que toda esa actividad no genera a los empresarios otra cosa que problemas? Uno de mayo. Una pelea que ya dura. Un día para recordar la lucha por conseguir la jornada de ocho horas, aquella que empezó con los mártires de Chicago en el XIX y que hoy todavía permanece abierta.
He recibido uno de esos correos electrónicos que me gusta comentar con ustedes, quizá lo hayan visto. Trata de las condiciones en las que trabajan miles de niños en el mundo (tal vez millones, no lo sé). Nosotros nos afectamos mucho cuando vemos las imágenes, pero nos ponemos las camisas que ellos confeccionan, compramos las deportivas que se nos venden como gangas en el primer mundo, fabricadas con el dolor del tercero. Miramos para otro lado cuando vemos las etiquetas, porque la única etiqueta que nos interesa ver es la del precio. Podríamos hacerlo, podríamos bloquear los productos que sabemos que se han fabricado con manos de niños, en condiciones imposibles de aceptar por nuestra bien pensante moralidad de ciudadanos de primera categoría, ciudadanos que no necesitan subirse a una balsa de juguete para cruzar el mar y escapar a un mundo sin competencia desleal, sin morcilla, sin prieto picudo, sin sindicatos, sin primero de mayo y sin comunicados de prensa. ¿Por qué esa necesidad de mezclar las cosas? Y, con todo, quizá los empresarios tengan su parte de razón, no lo sé. Que me imagino que a los sindicatos les vienen muy bien los beneficios de las ventas de la fiesta, que todo suma, aunque me arriesgo a que me tapen la boca y me digan que ese dinero lo emplean para alguna acción solidaria distinta a la propia financiación.
Eso el día 1. Y después de lo de Alemania, nos llega el día 2. Nos cuenta la historia que el pueblo de Madrid (o quien lo instigase) se levantó un dos de mayo contra la ocupación francesa que había traído al país la modernidad, eso sí, con la mano de un ambicioso Napoleón escondida en la casaca. Siempre se dice que hubo un pronunciamiento previo aquí en León el 24 de abril, ¿quedará algo de aquellos genes? ¿Habría que decirle algo a los alemanes, aunque solo sea por eliminar de ese modo al Madrid y al Barcelona? Mejor lo dejamos estar. Mejor nos fijamos en este tres de mayo que ya parece que trae buen tiempo, nos damos un paseo relajado por La Candamia y hacemos como que nos vale con que la Cultu juegue por el ascenso.

viernes, 26 de abril de 2013

Altardas. (En Hoy por Hoy León, 26 de abril de 2013)


Me pido tres minutos para escapar de la actualidad. Actualidad en paro en una provincia que tiene la tercera tasa de actividad más baja de España. Y subiendo, es decir, bajando. Tres minutos de silencio de actualidad, tres minutos para hablar de algunas cosas sencillas.
El tío Cayo. Dicen que el tío Cayo es uno de los lectores más voraces de León. A pesar de su edad avanzada sigue abordando el Bibliobus cada vez que puede, renovando lecturas de las que habla con brillo en los ojos, con una voz firme, sin más drama que la perspectiva de los años. “Réquiem por un Campesino Español fue una de las novelas que más me gustaron”, nos dijo,  “porque es algo que yo he conocido”. Hay un réquiem pendiente, por un campesino español, por un minero, por un trabajador de antibióticos, por un autónomo, por un enfermo. Creo que el verbo “requenear” es imposible en español, aunque lo usó deliciosamente en gallego Rafael Dieste en un cuento maravilloso titulado “Sobre a morte do Bieito”. Hay mucho por lo que “requenear” aquí, pero hoy toca hablar de cosas sencillas. Del tío Cayo disfrutando del sol de la tarde del martes pasado sentado con su libro en las manos, escuchando la radio en su casa de Matadeón de los Oteros. Una estampa que es un grito, un aullido de vida.
Habíamos ido a los Oteros. Era el Día de los Comuneros a efectos oficiales y nosotros hicimos nuestra campa entre la cebada, acercándonos sigilosos al espectacular flirteo de las avutardas, plumas hinchadas al escaso sol, barbones imponentes paseando palmito entre las siembras, peleándose por enseñar más pluma, más pecho, más planta, haciendo la rueda con descaro animal para poder poner la semilla de sus genes en el futuro huevo. Esa triste pasión por perdurar. ¡Y mira que se ponen chulos! Parecían barcos vikingos navegando el verde escandaloso que lucen los Oteros estos días. Un espectáculo de velas hinchadas, rebaños de machos moviéndose por estelas invisibles. Nos contaba Pedro Luis que hubo unos franceses que se apostaban de noche, escondidos entre los arbustos, para poder sacar unas fotos al empezar el día. Se entiende esa pasión. Se entiende que los alcaldes de la zona pretendan un turismo controlado, una especie de marca de calidad, como se ha venido haciendo con el prieto picudo. Sería una buena apuesta poder contar con observatorios, porque es verdad que el espectáculo merece la pena.
Tuvimos tiempo de celebrar el día tomando un vino en Pajares y hasta nos dejamos caer por Valdesaz, de iglesia sorprendente, obra de Juan de Badajoz el Mozo, en donde nos encontramos con Daniel de Cabreros, que ha estado viviendo solo, y eso que tiene ya ochenta y nueve, sin necesidad de nada ni de nadie, en la sencillez más absoluta hasta que unos desaprensivos vinieron a robarle, porque como él dice, es que “hoy ya no se puede tener nada en ningún lado”. Hay muchos arises sueltos.
Un día de cosas sencillas con el pretexto de hacer unas fotos de las avutardas, “altardas”, como se dice por la zona. Un día de fiesta, una fiesta que celebran otros, porque, como nos decía Pedro Luis, allí nunca se guardó.

viernes, 19 de abril de 2013

Puccini. (En Hoy por Hoy León, 19 de abril de 2013)


Un valenciano, amigo de un buen amigo mío, terminó una cena en un restaurante de Fontanos subido a la silla cantando un aria de Puccini. Fue de traca, se lo pueden imaginar. Concretamente cantó el Vissi d’arte, de Tosca, como si fuese la Callas y no sé si me reí más por lo grotesco de la situación o por lo gracioso que estuvo el valenciano explicando a la concurrencia lo que quería decir la canción, porque tradujo “vissi d’arte, vissi d’amore” por “tengo vicio por el arte, tengo el vicio del amor”. Casi me da algo cuando lo dijo, porque lo que significa la letra es sencillamente “viví del arte, viví del amor”, pero en aquellos días el valenciano, ya de una cierta edad, andaba detrás de una gallega mucho más joven que él y se ve que en el amor, como en la guerra, es verdad que vale todo.
Así es que ya saben: he vivido del arte, he vivido del amor se puede traducir al italiano como vissi d’arte, vissi d’amore y del italiano al español, como a uno le dé la gana. Me acordaba de esta vieja historia del valenciano cantante porque me siento rodeado por todos esos que, como él, han vivido y viven del arte, pero no de ninguna de las bellas artes, sino del sencillo arte de ser “un artista” y saber estar donde hay que estar en el momento en que conviene. Lo digo hoy, en este momento en el que seguramente aún estará en marcha la concentración de los trabajadores de Antibióticos en la Plaza de Botines.
Han tenido mucha paciencia, aguantando hasta aquí, sometiéndose a las circunstancias de los EREs que van y vienen al ritmo del interés de esa empresa, mimada por todas las administraciones, que ha colocado por la gatera su decisión de acogerse a la Ley Concursal, algo que hizo en enero sin que, según lo que se dice en los medios de comunicación, ni los trabajadores, ni la propia Junta hubieran sido informados. Vissi d’arte, que diría un italiano y como ya no puedo seguir viviendo del tema, hago los papeles de la quiebra aunque siga habiendo demanda para lo que produzco. Es verdad que suenan canciones optimistas en forma de nuevos compradores, esperemos que no sean cantos de sirena.
Veo la foto de Pucci reunido con el Alcalde hace más de un mes para analizar la situación de los trabajadores que, por entonces, ya llevaban meses sin cobrar y me asombra saber que ya estaba en marcha el proceso de quiebra, que por entonces Pucci ya sabía que se habían acogido a la Ley Concursal. Alguien tomaba el café con sacarina. Es un detalle estúpido, lo sé, pero más allá de la pulcritud de los trajes, del lustre de los zapatos, del entorno noble del lugar escogido para el encuentro, me llamó la atención el bote de sacarina junto a una de las tazas. Hay que cuidarse.
         Así es que vissi d’arte y también d’amore. Todavía resuenan los petardos del miércoles de los mineros y aquí tenemos en Botines la protesta de Antibióticos. Nosotros a lo nuestro, señalados por no llevar la pegatina de la ITV, acosados por el IRPF, recortados contra la pared  de ese estado del bienestar que se derrumba y sabiendo que, como diría el valenciano, contra el vicio de pedir, está la virtud de no dar.
         Creo que la frase es de Groucho Marx. “Que paren el mundo, que me bajo”. Ganas me quedan de bajarme, se pare o se empeñe en seguir andando.

viernes, 12 de abril de 2013

Postureo. (En Hoy por Hoy León, 12 de abril de 2013)



Hay una cuenta de twitter que se ha hecho muy famosa. Se trata de @postureo_ y lo que me gusta del fenómeno no es que exista la tal cuenta o que tenga más o menos éxito. Lo que me parece interesante es que se haya extendido tanto el concepto y eso que ya sabemos, desde Pazos, que el concepto es el concepto. Se habla de postureo para explicar situaciones ridículas en las que nos colocamos en posición de aparentar algo que efectivamente no somos. El concepto “postureo” se explica solo, porque la palabra, de pura expresividad, ya nos deja ver a qué se refiere, pero, por si hiciera falta, ahí van un par de ejemplos tomados de esa cuenta de twitter: “No es tinte, es que a mí el pelo se me aclara con el sol” o este otro, “Subir con tu vecino gordo en ascensor y mirar de soslayo el cartelito de la capacidad de carga”. Esto del postureo es un mundo que a mí se me escapa y me pregunto si hablar del postureo será en sí mismo hacer postureo o si decir que no me termina de gustar también lo es. El caso es que se trata sencillamente de provocar una sonrisa, un sencillo “ja”, porque es verdad que no da para un “ja,ja,ja”.

Ha habido mucho postureo entorno a la cuestión de la deuda. Me refiero a la deuda del Ayuntamiento de León, ya saben, esa masa viscosa que se escapa desede San Marcelo, pero no de ahora, sino desde hace muchos años, desde aquellos tiempos en que la política no se entendía sin que quienes gobernaban sobrepasasen sus presupuestos de manera sistemática. Eran tiempos en los que se decía que un organismo que no agotaba su presupuesto no estaba bien administrado. Había que invertir, había que gastar más allá de los recursos con los que se contaba. Y para hacerlo se solicitaban créditos, créditos sobre créditos, contracréditos para pagar los intereses de anteriores créditos, en una espiral de delirio financiero que se sostenía sobre la infantil fantasía de que tal vez la deuda nunca se tendría que devolver, pero resulta que no, resulta que es como en el bolero, que esta es una deuda que tienes que pagar, como se pagan las deudas del amor.

“No”, decía la canción, “no voy a llorar”. Y eso es lo que nos dicen ahora desde Europa, que hay que pagar, que no hay más piedad que la del Monte de Piedad. Así es que es postureo cualquier posición que se adopte en lo relativo al crédito del ICO para la refinanciación de la deuda. Es postureo vender sus bondades, porque aunque es un nudo que se afloja, no se podrá desatar en los próximos veinte años, pero también es postureo decir que ha sido una mala gestión conseguir estas condiciones o que se trata de una herencia que dejará para el futuro el actual Alcalde, porque entiendo que la deuda no ha sido generada por este equipo de gobierno y entiendo que es un problema al que se debe dar solución. Lo desesperante es que ese problema exista, que no hayan funcionado los mecanismos de control que hubieran hecho imposible llegar a la desesperada situación en la que están las cuentas, que veamos venir la presión sobre nuestros bolsillos, aunque solo sea al descubrir el coche radar de la policía escondido entre dos camiones en la carretera de Caboalles para hacer caja a base de multas. Que eso sí que es postureo, que se atrevan a decirnos que es por nuestro bien, para hacer que la circulación sea segura.

viernes, 5 de abril de 2013

Presión social. (En Hoy por Hoy León, 5 de abril de 2013)


“Si pudieras cambiar algo hoy, ¿qué cambiarías? En tu vecindario, en tu ciudad o en tu país, ¿para qué cambio te gustaría unir y movilizar a la gente?” Son dos preguntas sencillas, en realidad una sola. Me llegaron desde una plataforma digital que se ha especializado en el diseño y movilización de campañas reivindicativas en internet. La publicidad sigue diciendo: “porque en los últimos meses cientos de personas como tú se han hecho esa pregunta y lo han conseguido. Crearon una petición y consiguieron salvar un servicio público, acabar con una discriminación o evitar una injusticia.”
Hay más. El mensaje publicitario nos explica el fenómeno: “La clave está en la suma de fuerzas. En el poder de miles de personas llamando al alcalde de una ciudad, a los accionistas de una compañía, a los responsables de un supermercado o a los directivos de una marca. La unión de energías de consumidores, trabajadores o ciudadanos en torno a una causa común hace que una petición se convierta en realidad. Y funciona”. Lo dicen los responsables de esa plataforma, que curiosamente firman el mensaje solo con sus nombres de pila.
Precisamente el martes, al tiempo que el Presidente Herrera daba marcha atrás en el tema de los colegios, me llegaba al correo una invitación para firmar "por el mantenimiento de 1º y 2º de la ESO en la localidad de Riaño". Se trataba de una petición gestionada desde esa plataforma a la que me estoy refiriendo y no llegué a firmar porque, entre otras cosas, cuando la leí ya sabía lo que había ocurrido en Valladolid. Ya no tenía ningún sentido apoyar una protesta contra algo que se había conseguido. ¿O sí? ¿Termina un acto de protesta como el que se gestó contra la decisión de la Junta con la simple marcha atrás escenificada por su Presidente? Me quedan dudas. En realidad tengo dudas sobre todo el proceso, porque ¿estamos seguros de lo que se ha dicho? ¿Estamos seguros de que la marcha atrás del Presidente, pasando por encima de la posición mantenida por el Consejero y por la Directora Provincial es una claudicación ante la presión social? Me gustaría tener claro que es así, saber que la decisión del Presidente de la Junta ha sido consecuencia de que muchas personas le han hecho ver, con su protesta, que se trataba de una medida difícil de sostener, porque no se puede obligar a esos niños a elegir entre irse a vivir a otra parte, quedarse internos en Astorga o recorrer cada día en autobús distancias demasiado largas para cualquiera. Entiendo la cuestión, veo las dos posiciones, incluso concedo al Presidente que se trata de una medida posiblemente mal explicada y que los técnicos que la adoptaron lo hicieron apoyándose en alguna excelente razón. Lo que no me termino de creer es que se haya dado marcha atrás simplemente por la protesta.
Pienso, además, en el modo tan espectacular en el que se ha escenificado la comunicación del aplazamiento de la medida. Y conviene recordarlo: no se trata de una marcha atrás definitiva, sino de un aplazamiento por cuatro años. Es decir, que se siguen manteniendo las razones para la clausura, pero han aparecido otras razones que aconsejan al Presidente aplazar la medida. Si esto es así, ¿por qué han parado las protestas? ¿por qué ahora se dispara solo contra quienes no se opusieron desde León? 
Me parece que nunca lo sabremos.