Buscar este blog

viernes, 15 de noviembre de 2013

Leonesismo encastillado. (En Hoy por Hoy León, 15 de noviembre de 2013)

Ayer a media mañana había un cielo de esos que te obligan. Un cielo leonés morado en el azul por todos los rincones, sin una mancha de algodón de nube, con el brillo del azul claro del mar lejano en el horizonte. Es ese azul que solo vemos aquí. No hace falta que dé más explicaciones, porque todos los que vivimos bajo este cielo sabemos de qué color estoy hablando y entendemos a la primera qué luz especial es esa que describo. Una luz tan bella que se puede pintar con palabras. Y no hacía frío, esa es la pena, porque esa luz y ese cielo, con el sol encendido en los días fríos del invierno es una de las delicias leonesas más genuinas, más, si cabe, que la morcilla del Húmedo o el prieto picudo de las bodegas.

Y en ese momento tan leonés, me dio por preguntarle a un leonesista qué pensaba de la UPL y me dijo textualmente: “si no existiera, habría que crearla”. Lo bueno de su respuesta es que realmente no sé si es militante o no del partido, que me parece que es defensor de lo leonés por genética y no por ideología, aunque casi diría que su genética es una genética culta, una consecuencia exacta de su conocimiento de la historia, especialmente de la historia de esta tierra. Y va y dice que si no existiera la UPL habría que crearla, porque hay todavía muchas cosas en esta tierra que deben ser reivindicadas. ¡Curioso tema! Lo comentaba yo el martes dando un paseo por las calles medio desiertas en las cercanías de la Plaza del Grano, escuchando a un amigo mío que me explicaba la experiencia mística que había tenido al quitar el Whatsapp de su móvil. “Hay vida después del Whatsapp”, decía, “sobre todo para la batería”. Y se moría de risa, mientras caminábamos por aquellas calles silenciosas, abandonadas de sí mismas, que en manos de los ingleses o de los catalanes estarían llenas de turistas haciéndose fotos en la magia. Hay vida más allá del whatsapp y puede que más allá de la Plaza del Grano, y hasta más allá del cielo azul de las frías mañanas de invierno leonesas.


¿Y cómo ves el congreso del domingo?, le pregunté también ayer al leonesista. Me sorprendió con una frase que no sé si dijo aposta o le salió sola, pero dijo que los dirigentes leonesistas estaban encastillados. Creo que quería decir que se encierran en sus despachos de la Diputación o del Ayuntamiento y que no salen a estar con los ciudadanos, que no se sabe bien a qué León representan, que tendrían que acercarse más a la realidad de la gente, la realidad de los barrios, de la industria, del campo, de las minas, en fin, que se están enrocando en las alfombras. Y me gustó el juego de palabras, me hizo gracia esa idea de un leonesismo encastillado, reconvertido en castillo, un león enjaulado en los despachos, cercano a las mismas inercias de esa Castilla que gobierna desde Valladolid. Leonesismo acastillado. Un acierto. ¿Será ese el nuevo sendinismo? 

Y porque hay un León puro, salvaje, suelto por las calles, les hablo de una actividad que comienza en el IBO a partir del próximo 25 de noviembre. Es un curso de cuatro sesiones en el que se muestran imágenes tomadas por el profesor Mateos de sus Itinerarios por León. Tiene Mateos la idea de que pasamos por el mundo sin ver lo que tenemos delante de los ojos y por eso ha hecho fotos y ha estudiado muchos rincones de León para que nos demos cuenta de todo eso que vemos cada día sin saber que lo estamos viendo. Ese León dormido, acostado en las piedras de la historia, que se niega a verse encerrado en los castillos.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Candy Crush y el Hada de los Dientes. (En Hoy por Hoy León, 8 de noviembre de 2013)

Es un negocio de casi 150 millones de beneficio al año. Millones de personas en todo el mundo se entretienen horas y horas explotando caramelos en la pantalla de su móvil, del ordenador o de su tablet. Les hablo de Candy Crush, el juego de Face Book más popular en todo el mundo. Seguro que ha oído hablar de él, si no es que en este momento está usted peleándose con ese nivel que se le atasca. Parece que es muy adictivo y algunos jugadores confiesan que son incapaces de dejar de jugar y que, cuando cierran los ojos, llegan a ver caramelos de colores desfilando por su inconsciente. Es sentirse atrapado en un universo de golosinas. Incluso hay rumores de que, en determinados niveles, aparece un personaje que proporciona vidas extra llamado el hada de los dientes.

Mientras no llega esta ayuda extra parece que los ciberjugadores acuden a trucos de toda índole para poder seguir jugando sin tener que esperar la media hora que tarda en recuperarse el juego, cuando ya se ha fallado en cinco ocasiones al intentar superar un nivel. Son pequeñas trampas, sencillas manipulaciones, artimañas para conseguir satisfacer esa adicción a las golosinas virtuales que revientan. Creo que es una actitud que habla de la naturaleza humana: no nos importa contravenir ciertas normas que consideramos poco importantes con tal de conseguir lo que queremos, aunque sea algo tan inocente como jugar a un sencillo juego de ordenador. Y en realidad, lo hacemos a todas horas. Nos saltamos pequeñas normas para mantener intacta nuestra capacidad de jugar. A medida que vamos adquiriendo experiencia, más trucos conocemos, más alejados estamos de la pureza inicial, la inocencia de los primeros niveles. Le pasó hace poco a un amigo cincuentón en una conversación por wsp. Tenía que recoger unas entradas que le iba a dar una joven compañera de trabajo, por cierto, para el concierto de mañana de Hierba del Campo, un concierto más que recomendable. ¿Dónde te dejo las entradas?, le preguntó la veinteañera al cincuentón. En cualquier parte, le contestó, en mi mesa, en la entrada, donde quieras. O mejor déjamelas debajo del felpudo. Y cerró lo que a él le parecía claro que se trataba de una broma con un expresivo “ja, ja” de esos que se escriben en el móvil. Pero la chica, en su inocencia, lo interpretó literal y se fue como loca a buscar un felpudo en el que meter las entradas. La inocencia tiene estas cosas. La ingenuidad es un regalo que vamos perdiendo con el tiempo.


Por eso no me extraña esa noticia de ayer que habla de la escalada de simulaciones de robo de “smartphones”. Como resulta que ya no nos dan los móviles con la amenaza del cambio de compañía, la picaresca está en aprovechar el seguro de robo, claro que es un seguro que no cubre los hurtos o las pérdidas al descuido, con lo que hay que denunciar que la sustracción ha sucedido de algún modo violento. Y claro, aquí ya entra en juego la pasta de las compañías de seguro y la cosa se pone tensa, porque al Ministerio del Interior se le dispara también la estadística de delitos y no les digo ya el crecimiento del porcentaje de delitos que quedan sin resolver. Así es que, llámenme ingenuo o inocente, pero me parece que la noticia de ayer va más contra la estadística que contra el hecho denunciado. Interesa mucho que la gente no invente según qué cosas, no vaya a ser que los números se nos escapen de las manos.

viernes, 25 de octubre de 2013

Neurofisiología intermitente. (En Hoy por Hoy León, 25 de octubre de 2013)

Mira que me han dicho que no lo haga, que no están las cosas asentadas y que las informaciones todavía no ofrecen una visión completa del asunto, que, como en todo, es posible que haya matices y que era bueno poder saber de primera mano qué dicen todas las partes. Y es verdad, debería callarme y no hablar del tema, pero es que Urbano Seco, el alcalde de Gordoncillo, no me tiene pinta de ser un maestro capaz de maltratar a un niño, pero resulta que hay un juez que dice que sí lo es. No seré yo quien discuta su fallo y menos desde el desconocimiento total de los hechos. No, no es eso, no quiero tomar parte ni por Urbano, ni por quienes lo acusan, porque sencillamente no tengo ni idea de lo que pasó en el colegio.

He preguntado, he querido saber, porque me parecía extraño y me han dicho que pudiera ser mejor no hablar de esto, que hay muchas derivadas y no está todo claro, que al mezclarse también la política hay al menos razones para pensar que el modo en el que se ha hecho pública la noticia pudiera ser interesado. Sí que es cierto que llama la atención la contundencia  con la que el partido se apresura a tramitar la baja como militante de uno de sus alcaldes con mayor trayectoria al frente de su municipio, alguien que ha conseguido una transformación decisiva para el futuro de su pueblo y de la comarca con apuestas arriesgadas como la que condujo a la creación de las bodegas Gordonzello, un proyecto para el que hubo que aunar la voluntad de ciento un propietarios que creyeron en la idea de Urbano Seco y otros que como él supieron ver en la tierra, en los majuelos, en el vino, la única vía de salida para evitar la despoblación definitiva. No digo yo que por eso haya que perdonarle cualquier cosa, no me malinterpreten, es solo que me llama la atención la celeridad con la que el PSOE le enseña la puerta de salida a un político de raza, uno de esos que no son sencillos de adocenar, uno de los que hablan claro siempre que tienen ocasión. Sí, ya sabemos que los socialistas leoneses andan divididos, lo sabemos porque lo han dicho y lo han hecho patente, la pregunta es si esta crucifixión pública del alcalde de Gordoncillo es solo por haber cometido la barbaridad de agredir a un niño en el colegio, lo que sin duda merece castigo, o si además de eso interesa airearlo todo bien por alguna inocente razón. No lo sé. Y lo curioso es que todo el mundo me ha dicho que de este tema era mejor no hablar.


Siempre se está a tiempo de generar nuevas sinapsis facilitando la creación de caminos alternativos para transmitir la información, eso me dicen. Me dicen también que el truco está en saber qué y cómo hay que estimular. Siento que eso es algo que vale para todo en la vida, que es algo así como una neurofisiología intermitente, un conectar y desconectar, encender y apagar – acuérdense de lo que les dije el otro día de las farolas, parece que la cosa es que en algunos barrios lo hacen a mano y por eso esta mañana, a las ocho y cuarto, daban ganas de poner las largas al pasar por la Inmaculada- de manera que la cosa está en saber bien qué y cómo estimular. Eso me gustaría saber ahora que escribo para ti. Me gustaría saber dónde tienes el click, el interruptor que se debe encender y el modo de ponerlo en marcha. Eso es lo que hacen los que generan opinión: colocar la noticia exacta que permite al estímulo recorrer nuevos caminos para generar una nueva sensación. Y lo que no vaya por donde debe, se corta. ¡Vaya que sí se corta!

sábado, 19 de octubre de 2013

Háblame de cosas normales. (En Hoy por Hoy León, 18 de octubre de 2013)

Háblanos de cosas normales, me dijo uno que está aquí todos los días con ustedes haciendo esta cosa tan maravillosa que es la radio. Te lo pido como oyente, me dijo, por favor háblanos de cosas normales, que ya nos vale con las noticias que tenemos que soportar en los informativos. Tú que tienes tres minutos para hablar de lo que quieras, háblanos de cosas normales. Y me pareció que sí, que ya está bien, que nos merecemos un espacio, aunque sea pequeño, para hablarnos de cosas bonitas, que ya tenemos bastante con lo ordinario para sentirnos inquietos. Se me ocurre eso, que vivimos una inquietante realidad ordinaria y cuando lo ordinario nos supera, ¿qué podemos esperar de lo extraordinario? Así es que sí, conviene hablar de cosas normales, no vaya a ser.

Es la vieja historia del perro y el mordisco. La historia de Pedro y el lobo. Ya no nos inquieta lo extraordinario, porque lo ordinario nos ha situado en un insoportable nivel de inquietud. Somos hojas temblorosas en las ramas del otoño. Hacemos de nuestra caída una lenta metáfora de lo extraordinario. 

Háblame de cosas normales, te lo pido como oyente, me dijo y eso que él está ahí delante, todos los días en la cocina de la radio. De cosas normales, como si fuera fácil saber qué es eso. ¿Acaso no es algo normal llevar los ahorros a tu Caja de confianza y seguir los consejos del director de la sucursal para obtener el mayor rendimiento posible? Cualquiera diría que sí, pero eso, que es normal, que es algo ordinario, termina convirtiéndose en extraordinario, de manera que muchos que hicieron eso ya no son sencillos ahorradores, sino que se han convertido en algo extraordinario: ahora son preferentistas.

¿Qué son cosas normales? Para mí que ya no quedan. Le parecerá que es normal estar oyendo la radio ahora, quizá mientras conduce, en el trabajo o en la cocina haciendo la comida. Y posiblemente lo sea. Posiblemente esa dimensión extraordinaria con la que yo estoy viendo últimamente todas las cosas no esté en nada, salvo en mi forma de verlas, en mi fantasiosa manera de mirar el mundo. ¿Saben? Estos días tengo la sensación de ir apagando las farolas cuando entro en la ciudad por la mañana. Es poco después de las ocho y, por donde voy, las farolas van apagándose a mi paso, dejándome en estos días grises del otoño con una sensación de blanco y negro, de película de Hitchcock o de Orson Welles, con un ambiente oscuro en el que los chicos que acuden a los Institutos del centro, envueltos en esa noche todavía, son sombras, espectros, fantasmas extraños como esa Caja que de un tiempo a esta parte ha dejado de existir pero que deambula zombie por las primeras páginas de los periódicos recordando préstamos, olvidando acuerdos, renegociando posiciones. ¡Qué sensación tan dura la de empezar el día envuelto en la noche! Menos mal que nos van a cambiar la hora de aquí a nada y entonces volverá a ser de día a su debido tiempo. Volverá nuestra mañana a llenarse de colores y el Ayuntamiento seguirá ahorrándose unos minutos la luz de las farolas, pero será una sencilla ilusión. 

Claro que siempre nos quedarán los colores. El de este fin de semana es el rosa, porque este domingo se celebra el día mundial de la lucha contra el cáncer de mama. Hay que ver lo extraordinario que fue lo de Angelina Jolie para la causa y lo poco que nos impacta el testimonio de tantos millones de mujeres. ¿Será normal?

domingo, 13 de octubre de 2013

Manejar un videojuego. (En Hoy por Hoy León, 11 de octubre de 2013)

Así es que  ayer la mayoría del PP aprobó una nueva Ley de Educación. Debería ser el centro de todas las discusiones y debería ser conocida y debatida por todos, si es verdad eso que dicen de que lo más importante de todas las sociedades es la calidad humana de quienes las conforman. Me hace gracia que esta misma semana se hayan publicado datos PISA sobre el nivel de competencia en adultos en eso que es lo mínimo que cualquiera debería saber para andar por casa. Curioso que algunas voces se lanzaran a utilizar esos datos para certificar el fracaso de la LOGSE, la ley del gobierno socialista de González que puso de moda aquello de los contenidos del curriculum, los curricula, se entiende, palabras hermosas, por latinas, con las que nos hemos llenado la boca en los medios de comunicación, en los foros educativos y seguramente, al menos a la salida de alguna reunión de familias en los colegios, también en la calle. Parece que esa ley tiene la culpa de lo mal parados que hemos salido los españoles en el informe. A mí, francamente, me da la risa, porque sé que ni esa, ni otras leyes posteriores, es más, ni tan siquiera la famosa ley del 70, se han llevado adelante en todas sus implicaciones. Me hace gracia que digamos estas cosas, cuando todavía, en el universo de la información y la comunicación, la práctica docente sigue pasando en muchísimos casos por el libro de texto, el encerado y la tiza, como hace 4 ó 5 leyes generales.


Probablemente sea difícil consensuar una ley que pudiera ser respetada por todos, por lo menos hasta que sea desarrollada en un porcentaje suficiente como para poder someterse a evaluaciones serias. Será difícil, supongo, pero digo yo, ¿no sería posible intentar un consenso sobre lo básico? Hemos modificado el paradigma científico a medida que ha ido evolucionando la sociedad y en un mundo como el nuestro, en el que cualquier chavaluco tiene en sus dedos, a golpe de click, diez veces más información que la que le pueda dar un profesor en siete vidas, es importante darse cuenta de que la escuela no puede ser solamente un lugar para la transmisión del conocimiento. El objetivo no es resultar sabiendo, sino conseguir dominar los procesos, desarrollar las capacidades y aprender a ser mejor persona. Ganar en calidad humana de los miembros que conforman nuestra sociedad. 

La idea, desde esta perspectiva, es comprender que no se debe cultivar exclusivamente la inteligencia o la memoria, lo que no quiere decir que una y otra no sean importantes en el proceso de aprendizaje, pero es que hay más cosas y siempre se olvidan. Este es el marco jurídico que interesa, el que permita desarrollar estas ideas. Lo demás, que si se ponen reválidas o si se quitan ciudadanías, son pequeñas zarandajas. No así el modo en el que se regula la enseñanza de la Religión, el tratamiento que se da a las lenguas cooficiales o los acuerdos de favor hacia la escuela no pública que parecen estar en algunos renglones de esta Ley Wert. Digo yo que, si todos los chavales que conozco han sido capaces de jugar a un videojuego, va a ser que todos pueden aprender todas las cosas y lo único que necesitan para hacerlo es que se den las condiciones adecuadas para ello. Eso es lo que deberían asegurar las leyes: la posibilidad de que esto suceda. Lo demás es politiqueo, el mismo politiqueo que ha permitido esos préstamos que terminaron haciendo un agujero en el bolsillo de la Caja o las tropelías a la italiana de los dueños de Antibióticos, por citar dos ejemplos que venían ayer en el periódico. 

Habría que ver qué notas sacaba cualquiera de nosotros en algún examen de 2º de la ESO.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Esperanza. (En Hoy por Hoy León, 27 de septiembre de 2013)

Todos tenemos sueños que queremos ver cumplidos. Eso es esperanza. 

¿Cuáles son tus sueños? ¿Cuánto tiempo hace que no te lo preguntas? 

Apuesto a que te parece que sueñas todos los días con un golpe de suerte: quizá una lotería o una oportunidad para torear en Las Ventas o una prueba para jugar en un equipo de fútbol de primera división, participar en la enésima Operación Triunfo o en la entrega siguiente del fenómeno Máster Chef. Sueñas tal vez con una oportunidad en el trabajo, un tropezón del jefe, un cambio de destino. Piensas que sueñas una casa más cómoda, un coche más molón. Se te olvida que hay quienes sueñan con un plato de lentejas, con un yogur, aunque sea de esos caducados que se come el ministro, o con un riñón compatible para el trasplante. Igual soñaste alguna vez un tranvía o una moderna estación de FEVE en el centro de la ciudad. Tal vez sueñas un aeropuerto al lado de una Escuela de Pilotos.

¿Eres de los que sueñan cosas baratas, pongamos por caso más trenes de alta velocidad o sueñas a lo grande, por ejemplo un Reino de León independiente a la escocesa, por no mezclar con otras culturas más extrañas, culturas en las que no existe la gaita? ¿Tu sueño es un acordeón, una caricia, la mirada de un nieto? Esperanza. 

Te sueñas dentro de diez minutos tomando una taza de café. Te sueñas dentro de diez días en un viaje a una isla lejana. Te sueñas dentro de diez años al calor de una chimenea sonriendo al leer la última página de ese libro. Terrible condición esta del ser humano, siempre agarrado a la esperanza. Y eso que solo sabe bailar cha-cha-chá.

Será verdad que es lo último que se pierde.

Cuando un filósofo alemán dejó dicho que una de las tres preguntas fundamentales cuya respuesta  explica qué es el hombre es qué me cabe esperar, nos colocó en la pista de lo que somos. Uno está hecho de la pasta de sus sueños, porque toda la vida es sueño y los sueños, sueños son. Y eso que Calderón apuntaba más alto, que, a pesar de su condición, hay en su idea un vitriolo disolvente que reduce la realidad a puro sueño. Una avanzadilla del idealismo.

Pero decía una canción de los setenta que cantábamos en catalán que la fe no es esperar, que la fe no es soñar y es que los catalanes saben que no se trata de esperar, sino de hacer. Por eso Escocia tendrá un referéndum para seguir siendo parte de Gran Bretaña y los catalanes, que no tocan la gaita, lo harán de otra manera. Pero vuelvo al suco, que me esnorto, como decía el tío Ful: esto de hoy mío con la esperanza no es porque sí, es porque me tiene muy buena pinta el estreno de teatro de este domingo en Espacio Vías. Será a las nueve de la noche, con entrada libre y se titula precisamente así, “Esperanza”. No es un estreno definitivo, sino una muestra al público para afinar un trabajo que desde hace meses vienen realizando la actriz María Giménez y la directora Olga Peris, en una apuesta valiente de la primera, que es protagonista, autora de los textos y productora del espectáculo. Una actriz leonesa que vuelve a casa para hablarnos de la necesidad permanente de escapar.


Ya lo saben. A revisar los sueños. Y mucho ojito con lo que se espera, porque lo malo de los sueños es que, si se sueñan como se debe, es decir, a la catalana, trabajando, haciendo cosas, terminan siendo realidad.

viernes, 20 de septiembre de 2013

ISBN (En Hoy por Hoy León, 20 de septiembre de 2013)

Hace dos semanas se celebró el mercadillo Gelete para el intercambio de libros de texto. Ya saben que, desde hace algún tiempo, no se realiza en la plaza de la Pícara Justina, como era tradicional, sino en el Centro Comercial León Plaza, un cambio de ubicación al que se vio obligada la organización por razones que ya han ido quedando olvidadas. Cada vez tenemos que ir con más cuidado en lo que hacemos o decimos, porque puede resultar lesivo para los intereses de alguien que tenga capacidad para anteponer esos intereses a cualquier otra consideración y eso puede traernos problemas. Por ejemplo, en esto del intercambio de libros usados conviene dejar muy claro que se trata de eso, de un intercambio y siempre, desde luego, entre particulares. Los chicos venden sus libros de cursos pasados y compran los del que va a empezar, aunque no conviene decirlo. Se debe hacer hincapié en la idea del intercambio, porque esa compra-venta podría ser algo no del todo legal. Y el caso es que un poco lo entiendo, pero no me digan que no les suena ridículo que se pudiera perseguir la compra-venta de libros de texto de segunda mano como si se tratase de un tráfico ilegal. El caso es que la sensatez siempre termina por imponerse y no les digo ya la realidad, de manera que en esta edición han participado en el mercadillo alrededor de doce mil personas, un dato que no está nada mal.

Doce mil personas. Resulta difícil decir qué porcentaje representa ese número del total de escolares, aunque no hace falta estar muy informado para comprender que se trata de un porcentaje muy elevado y lo sigue siendo en cualquier caso, a pesar de que alguien nos pudiera decir que esa cifra es una estimación y que seguramente incluye a muchos que sencillamente pasaban por ahí, curiosos o espabilados que sacaron el polvo a cuatro libros viejos con la idea de sacarse unos euros. Es igual. Doce mil personas son muchas personas. Y otro dato, los mil libros que quedaron sin intercambiar fueron recogidos por la Federación Leonesa de AMPAs que ha pensado en poner en marcha un banco de libros. Lo han oído bien, mil, mil libros. Mil libros que ya no quiere nadie y que quedan en manos de las AMPAs para que puedan ser utilizados por quienes los pudieran necesitar. Mil libros. ¿Cuántos se tiran a la basura? ¿Cuántos dejan de servir? ¿Se han fijado en que esos libros que este año ya no valen son exactamente los mismos que valían el año pasado pero con dos fotografías más o una pregunta cambiada de lugar? Es odioso que las editoriales nos coloquen como nuevas ediciones libros que son exactamente el mismo que en la edición anterior pero con cuatro cambios mal disimulados. Eso sí. tienen otro ISBN. ¿Saben cuánto cuestan unos libros nuevos para un curso de ESO o de Bachillerato? No se trata de la crisis, es que es insensato gastar todo ese dinero por el placer, maravilloso placer, es verdad, de estrenar los libros de texto, su tacto, su olor. Recortar las fundas para el forro, poner el nombre. Me viene a la memoria la primera vez que fui consciente del lujo que suponía tener aquellos libros, cuando todavía no sabíamos bien qué es eso del ISBN. Tengo la impresión de que los libros duraban más. Ahora es fácil que no valgan de un año para otro, aún siendo de la misma editorial. Era una frase repetida en el mercadillo: “pues los libros parecen iguales, pero no me sirve: no tiene el mismo ISBN”.

Por cierto, ¿saben que este año se exige el ticket de compra o la factura como requisito para percibir la ayuda de libros de texto? Además hay que pedir una factura por niño, para que todo esté clarito. Será que por fin la Junta va a perseguir el fraude, que lo que pasa es que hay mucho listo, que les das dinero para libros y se lo gastan en viajes a Nueva York.