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viernes, 10 de enero de 2014
Confusiones. (En Hoy por Hoy León, 10 de enero de 2014)
Me imagino que se tratará de
una confusión. No puede ser de otra manera. Me refiero a la noticia que daba
ayer Radio León en relación con el reparto de publicidad institucional de la
Diputación de León. Alguien se tiene que haber confundido, porque si es verdad
que Radio León ha sido excluida de manera premeditada y la Diputación no va a
dedicar ni un euro de su publicidad institucional a ninguno de los medios del
Grupo Radio León, nos hallamos ante una situación más que irregular que responde
a una confusión más grave, más de base.
Veamos: en el XVIII y sobre
todo a lo largo de los siglos XIX y XX, con la consolidación de las democracias
parlamentarias, ahora que hablamos tanto de León Cuna del Parlamentarismo
Europeo, se cimenta la creación del llamado cuarto poder, que, como los otros,
se sostiene sobre la base del poder popular. El poder legislativo, el ejecutivo
y el judicial tienen su origen en un único poder, el poder del pueblo,
reconocido por todos en las Constituciones a través del concepto de Soberanía
Nacional. Pero estos tres poderes necesitan, para que el juego democrático sea
transparente y limpio, de un cuarto poder, el de la información, también
sometido, aunque de modo indirecto, a las decisiones del pueblo. Los medios de
comunicación han sido el motor del cambio social y político, piezas
fundamentales en revoluciones como la propia Revolución Francesa, la
Independencia de los EEUU, el mayo francés o la caída del Muro de Berlín. Es
verdad que el modo en el que han operado los medios de información ha ido
modificándose a lo largo de la historia y hemos pasado del pasquín
revolucionario al twitt masivo que convoca a la manifestación en la Plaza
Sintagma o en las plazas de la Primavera Árabe. Las protestas de Tiananmen no
habrían tenido el mismo efecto sin los medios de comunicación, como tampoco
habría tenido el mismo fin la URSS, si las imágenes de Yeltsin subido a un
tanque no se hubieran visto en todos los rincones del planeta.
Estoy seguro de que en
muchas redacciones se discutió la conveniencia de difundir las imágenes de la captura
y muerte de Sadam Husein. Apuesto que informar sobre las dificultades de Sacyr en
el Canal de Panamá ha causado problemas en alguna redacción, porque cuando en
un medio hay que dar una noticia que afecta a un cliente, surge la discusión
eterna entre el Departamento de Publicidad y la Mesa de Redacción, la discusión
entre lo que nos conviene decir y lo que hay que decir. Todos tenemos un cierto
nivel de autocensura. También en la vida diaria. Todos nos sujetamos la lengua
cuando vemos la última corbata horrorosa del jefe o cuando se nos pregunta
sobre la oportunidad de alguna decisión. Todos sabemos medir, porque nos
conviene, pero hay un margen de libertad que está de la mano de la dignidad.
A los medios de comunicación
también les sucede. También se ven obligados a medir qué pueden, qué les
conviene, qué deben publicar. Y muchas veces tiene que ver con la deontología,
pero otras muchas sencillamente con los intereses empresariales. Lo que no se
entiende es la confusión de la Diputación, porque excluir a Radio León del
reparto publicitario por informar libremente es confundir lo que es de uno con lo
que pertenece a todos. Y esta es una confusión que no se puede consentir.
viernes, 3 de enero de 2014
Por si algún día dejo de recordar quién eres. (En Hoy por Hoy León, 3 de enero de 2014)
Escucha atentamente esta historia. Es la historia de una de las
mujeres más guapas que yo he conocido, con la sonrisa franca, la chispa
encendida en la mirada. Siempre me pareció que algún poeta había escrito para
ella, no solo por su nombre. Cuando la recuerdo, recuerdo aquel verso, aquel
demoledor “tú no puedes volver atrás”. Es que la vida te empuja y hay vidas tan
comprimidas, vidas que empujan tanto, que al final no caben en un cuerpo y se
escapan o se quedan en él y se viven desde un balcón incierto con nombre alemán
de enfermedad implacable.
Hace años que no la veo, pero la guardo en mi memoria
con todo el afecto de la infancia. Me la ha recordado su hijo, mi amigo desde
muy niños, con quien he compartido tantas cosas y que ahora, en la distancia
del tiempo y los kilómetros, me habla de su madre enferma, de su “cabeza que no
se ubica”, de lo diferente que ha sido para él esta Navidad. Y me dice que
quiere felicitarme las fiestas, que lo seguirá haciendo todos los años, que no
se olvidará ninguno, por si algún día deja de recordar quién soy. Dice mi amigo
que su madre, aunque no sabe quién es él cuando llega cada mañana, sabe que es
alguien muy suyo y lo recibe con gran alegría y una gran sonrisa. Es verdad que
a ella la alegría y las sonrisas nunca le costaron y lo único que ha hecho, en
contra del poema, es volver muy atrás a ese lugar incierto en que la conciencia
no tiene memoria.
Escucha con atención, por si algún día dejas de recordar
quién eres.
Me gusta pensar que la conexión entre la madre y el hijo supera las
barreras del Alzheimer. Lo cuenta muy bien Murakami en 1Q84, por boca del padre
del protagonista: “si no lo entiendes sin que te lo explique, entonces no lo
entenderás aunque te lo explique”. La mente de un enfermo de Alzheimer es un
universo imposible de explorar.
Más que la vida después de la vida o el hecho mismo de que exista
algo en lugar de nada o la asombrosa circunstancia de que nos podamos
comunicar, la cuestión de la conciencia me parece un tema estrella sobre el que
pensar. ¿Cómo es que soy consciente de que ahora te estoy contando esto que te
cuento y cómo es que tú, aunque no me hagas mucho caso en medio del trajín de
esta mañana, te das cuenta de que lo estás escuchando? Lo más práctico es no
pensarlo, sencillamente decir que es así y punto. Imagino que es por eso que la
filosofía se arrincona en la nueva Ley de Educación, me imagino que es por eso
por lo que, como se decía en un artículo de El País de ayer, aprende a vivir como una asignatura “María”. ¿A qué clase de chalado le
pueden interesar estas tonterías de la filosofía?
Pues resulta que estas
tonterías le interesan a chalados que miran el mundo con espíritu crítico y que
organizan su pensamiento con autonomía, sin tener que preguntar a nadie qué es
lo que conviene pensar. Desaparece la filosofía de la escuela como materia
obligatoria: será que habrá quienes quieran encargarse de enseñar a los
muchachos lo que se debe pensar.
Yo quiero hacer hoy esta defensa de la filosofía por dos razones:
una, porque, como me dijo un amigo tras sufrir un accidente, "debe ser que darte
un golpe en la cabeza te hace pensar y, después de pensar, he decidido no dejar
pasar ni un día de mi vida sin hacer algo que me haga feliz". Y dos, porque
quiero ir diciéndote algunas cosas por si algún día dejo de recordar quien
eres.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Esa cosa tan extraordinaria que es nacer. (En Hoy por Hoy León, 27 de diciembre de 2013)
Hace unos días estuvimos
disfrutando de la magia de un bosque de acebos en la ruta que baja desde Fasgar
hasta el pueblo con el nombre más largo de España: Colinas del Campo de Martín
Moro Toledano. Me dejaría la columna entera en describir el rojo de los
serbales, las caprichosas formas del hielo brotando de las fuentes, la
geometría de los campos envueltos en escarcha, el verde jade de las fuentes de
los arroyos que se amontonan junto a la ermita de Santiago para ir conformando
el Boeza, el brillo de la Navidad en los acebos, el río encajonado en un valle
abierto a cuchillo por las aguas hasta llegar a los puentes del pueblo, las
montañas blancas en la cima y de terciopelo verde en la falda. Unos minutos de
silencio para escuchar el sonido del mundo, arropados por el sol en la soledad
desnuda de una peña.
Luego, después de la comida
y de los cánticos, nos acercamos hasta Folgoso para ver el Belén, ya en el
camino de vuelta hacia León y es aquí donde realmente empieza lo que hoy quiero
contarles. ¿Saben qué me paso? Me dio por pensar en lo extraordinario que es
una cosa tan sencilla como un nacimiento. No. No me mal interpreten. Cuando
digo nacimiento no me refiero al Belén, que eso, a la vista del de Folgoso, me
parece algo complicadísimo, lleno de delicados artilugios, muñecos que se
mueven con perfección de autómatas, variaciones climáticas a voluntad del creador
del invento para representar las distintas estaciones y hasta se podría decir
que un pequeño museo etnográfico en miniatura, recordando tareas y costumbres
ya prácticamente desaparecidas de los pueblos. No. Yo me refiero al sencillo
acto de nacer, eso que tan naturalmente sucede todos los días y que tiene en sí
la extraordinaria belleza de la simplicidad y la incomprensible audacia del
milagro. En Colinas solo hay un niño que viva en el pueblo. ¡Fíjense qué estadística!
Solo uno. Uno que nació hace un año y medio, pero que era el primero en nacer
en quince años. ¿Se dan cuenta? La persona de menos edad de ese pueblo le saca
quince años al único niño. Y, claro, las tradiciones, el modo de hacer los
trabajos, los cuentos de filandón, los cantares, los vestidos de fiesta, todo
eso se va perdiendo, porque ya no tiene sentido preservarlo si no es en un
museo o en un belén en miniatura, como ese tan nombrado de Folgoso.
Los padres de ese niño que
ahora corre por Colinas son una de las ocho parejas jóvenes que actualmente
viven allí todo el año, jóvenes que, aunque en algunos casos trabajan en
Ponferrada, han optado por la vida sencilla del pueblo. Porque es más barato,
me dijo alguno. Todavía quedan cesteros en Colinas. Todavía se aprecia el ritmo
de las tareas del pueblo. No está muerto. Todavía se da en él el milagro del
nacimiento. Me contaba una muchacha marroquí que cuando una niña nace sin que
su madre rompa aguas, es decir, cuando nace envuelta en la bolsa amniótica, sus
padres tienen que ponerle de nombre Ajouba, porque es algo muy especial que
haya nacido así, protegida por Dios. Yo conozco a una mujer que se llama de
este modo y saber esta historia me ha hecho pensar en el milagro que es nacer,
en el milagro de que haya un niño que nazca en un pueblo moribundo del Bierzo.
Y eso que, como me decía el amigo Mario, todo es bien sencillo. Tan sencillo
como decir: “Obligado te veas”.
Nota Bene: Hasta el punto anterior, lo que se oyó por la radio, el texto que estaba escrito desde días atrás. Hoy, tendría que añadir una nueva línea, una línea que escribí ayer y que me tienen que permitir que sea así de hermética y personal: "Bienvenida María. Enhorabuena a los padres y a los abuelos. Luis, no te preocupes, que tener una hermana pequeña no es tan malo como parece".
viernes, 20 de diciembre de 2013
Sabañones. (En Hoy por Hoy León, 20 de diciembre de 2013)
Hay palabras que describen
una situación. Por ejemplo esta: sabañones. La palabra, así, en plural, como
casi siempre tenemos que emplearla, expresa por sí sola todo un estado de
cosas. Pero ella dijo: “Tengo sabañones, por eso me duele el pie”. Quizá no habría
hecho falta tanta aclaración, solo con decir “sabañones” habría bastado, pero
la muchacha tuvo la necesidad de explicarlo más. Tuvo que decirlo todo. Tuvo
que componer una frase completa para decir que le dolía el pie, porque tenía
sabañones. Era una muchacha de quince años, alguien que seguramente no tendría
por qué saber qué es eso de los sabañones. Se acaba de mudar de barrio y vive
con su hermana y su madre en una casa en la que no se puede encender la
calefacción, porque el dinero apenas llega para cubrir necesidades más básicas
que la de mantener una temperatura confortable en el salón.
Lo venimos oyendo en muchos
foros, lo oímos con la lejanía confortable de quien oye llover amparado por el
cómodo algodón de la suficiencia. Sabemos qué es eso de la pobreza energética y
nos parece oportuna la iniciativa de exigir una moratoria para que las
compañías de suministros básicos sigan prestando sus servicios, durante el
invierno, a quien no los pueda pagar, aún a riesgo de saber que para muchos eso
será una injusticia, porque, el sentido de lo que es justo y lo que no, está
envuelto en una delgada capa de papel celofán, de manera que cada uno lo ve con
el color en el que se envuelve y eso es lo que nos permite entender que haya
quienes piensen que lo de la jueza de Marbella con el asunto del ático de la
mujer del Presidente de la Comunidad de Madrid es una injusticia o que lo es la
iniciativa de la Comisión Europea en el asunto de los clubes de fútbol
españoles. Lo ilegítimo, lo ilegal, lo injusto, lo inmoral, lo impresentable,
no son grados de una misma realidad. Son conceptos totalmente distintos, solo
que, en las tertulias de la radio, de la tele y en las columnas de opinión, los
mezclamos a nuestro antojo para sostener ideas ocurrentes, para defender una
verdad en la que creemos o sencillamente para atender las directrices del partido
de turno. Pero todos sabemos que es injusto que una niña de quince años tenga
que soportar el frío del invierno de León sin poder encender un aparato para
calentarse. Se lo hemos oído a Beatriz Gallego hablando en nombre de Cáritas:
en los últimos cinco años las peticiones de ayuda han crecido un 600 por cien
en esa organización y las ayudas que se conceden son fundamentalmente para lo
más básico, pero también para pagar los recibos de suministros, sobre todo gas
y electricidad, algo que está creciendo de manera espectacular. Menos mal que
también crecen las donaciones. Quizá porque sabemos de qué se nos habla cuando
se nos habla de justicia.
Pero me quedaba pensando en
esta muchacha de los sabañones, esa niña que va a pasar frío esta Navidad, y me
doy cuenta de que lo que yo puedo hacer por ella es muy poco, apenas decirlo
aquí en la radio, para agradecer el gesto de quien hace donaciones con la
intención de hacer justicia y como mucho solidarizarme con ella tratando de
saber cómo va a venir de frío este invierno, deseando que los días que nos
quedan no sean crueles con ella. Por cierto, que me llegó ya el calendario San
Jorge para la agricultura y la construcción, una joya que elabora todos los
años Paco Alonso y que para este invierno predice días fríos a partir de la tercera
semana de enero.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Hipócrita, hortera y bonito, como la Navidad. (En Hoy por Hoy León, 13 de diciembre de 2013)
Es una cita de un best
seller con apariencia de manual que se titula “211 cosas que una chica lista
debe saber”. Dice así: “las mujeres utilizan el sexo para conseguir lo que
quieren, mientras que los hombres son incapaces de hacerlo porque lo que
quieren es sexo”. Me resulta inquietante lo extendido del cliché. Me acordaba
de ello el otro día porque a una maestra le dijo un chaval de doce años: “oye
profe, ¡qué guapa vienes hoy! ¿Sabe tu padre que has venido así hoy al cole?”
¿Se acuerdan de la canción de Manolo Escobar? ¿La de la minifalda y los toros?
Hoy, actitudes como esa, están en todas las campañas de prevención de violencia
hacia las mujeres como el “abc” de lo que se consideraría una conducta típica
de posible maltratador. No me gusta que
a los toros te pongas la minifalda, no quiero que vayas con esas amigas tuyas,
tienes que dejar de estar tanto con tu hermana que te como el coco, y demás
exquisiteces. Cosas que una chica lista debería saber aunque no estén escritas
en el libro. Un libro que, por cierto, parece que no está escrito por una
mujer, sino que su autora es el alter ego femenino de un escritor americano que
ha tenido un éxito enorme con su libro “211 cosas que un chico listo debe
saber”. Me pregunto qué clase de sociedad es esta en la que pueden tener éxito
libros semejantes, en la que alguien se interesa por un manual que incluye
entre las 211 cosas que un chico debe saber conocimientos tan importantes como
el modo de ordeñar una vaca, cómo recuperarse de una resaca o cómo impresionar
a una chica sin arruinarse.
Tiene una biografía
interesante este autor, un hombre que ha pasado por multitud de ocupaciones,
alguien que ha sido entre otras muchas cosas, maestro, dibujante, escenógrafo,
gerente de una tienda de juguetes, impresor, hasta reportero radiofónico. Seguro
que cuando era maestro ninguna alumna le preguntó si su madre sabía que iba muy
guapo al cole. Ahora dice su biografía que, sencillamente, vive en la costa y
disfruta de una dieta rica en carne picada. Un poco esa es la aspiración, la
imagen del éxito, que en la última línea de tu biografía se describa
sencillamente que vives en la costa y que no tienes ya nada más que hacer.
Cosas que un chico o una chica deben saber. Yo diría en el número uno de esas
cosas que se deben saber que la realidad no es como se dice en los libros y que
no es verdad que los chicos piensen como chicos y las chicas como chicas. Los
libros tienen ya sus añitos, pero seguro que se seguirán vendiendo estas
navidades.
Por cierto, unas navidades
de quita y pon, al menos en lo eléctrico. Vinieron el fin de semana pasado y se
fueron a descansar hasta mañana, que hay que ahorrar en la factura de la luz.
Estarán contentos los comerciantes con esta decisión de la concejala de
adelantar el encendido permanente a este fin de semana. Así parece que la
Navidad ya ha llegado para quedarse y que el espejismo del Purple Weekend,
porque en León el puente de la Constitución o de la Inmaculada, según se mire
por la izquierda o por la derecha, hace ya muchos años que es el del Purple, no fue una concesión aislada.
Estuvimos viendo las luces con los niños y no sé cuál de ellos lo dijo, pero me
hizo gracia y lo anoté en mi memoria: “Esto de encender las luces solo durante
el puente es hipócrita, hortera y bonito, como la Navidad”.
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