Seis parejas de cigüeñas han
sido abatidas en unos pastos comunales entre Vegas del Condado y Devesa del
Curueño. Había tres nidos en postes de la luz, dos en un encinar y otro en una
chopera y parece ser que las cigüeñas fueron abatidas con una escopeta de
perdigones. Hay cosas que no se entienden. Quiero decir que los nidos de las
cigüeñas no estaban molestando a nadie y que tampoco las malogradas aves
estaban causando ningún daño. Me cuesta entender el motivo que alguien haya
podido tener para matarlas. Es un enigma saber por qué las cigüeñas hacen los
nidos donde los hacen, un enigma completo decidir si la elección de esos prados
entre Vegas y la Devesa para construir sus nidos fue una decisión consciente o
fruto de un simple impulso instintivo, si lo que les llevó a ser víctimas de la
barbarie de algún desaprensivo fue el azar o su propio impulso para escoger ese
sitio. Es un enigma igualmente el motivo o los motivos que llevaron a alguien a
cometer semejante fechoría. Esa discusión sobre el modo en el que se construyen
los nidos de las cigüeñas es una discusión eterna sobre la voluntad, la
autoconciencia y la capacidad para interpretar lo que nos rodea. Muchas veces
tiene uno la sensación de que lo que hace cada día, lo hace movido por resortes
internos semejantes a los que impulsaron a estas doce cigüeñas a elegir un
lugar que finalmente ha resultado ser tan peligroso. Impulsos ciegos,
estrictamente determinados por la pura biología.
Si esto es así, si tenemos
tantas veces la sensación de ser títeres en manos de una instancia diferente
que nos maneja desde fuera, tenemos que esforzarnos por alcanzar el mayor grado
de conciencia de uno mismo posible, para liberarnos. La única manera de no ser
un títere en manos de la biología es enredar las cuerdas. Tomar de nuestra mano
el hilo que nos sujeta y tirar de él para comprobar que efectivamente está
suelto. Yo no sé qué clase de desaprensivo puede encontrar algún sentido a la
matanza de doce cigüeñas blancas. Pero no me quiero quedar solo en el hecho, en
la vileza, en la gratuidad. Quiero dar un paso más allá en la reflexión sobre
la condición humana y me da por pensar, cuando escucho noticias como esta, que
los seres humanos nos comportamos efectivamente como muñecos de guiñol, títeres
en manos de algún titiritero que sabe mover las varillas quizá con el único
interés de enredar los hilos, porque hay algunos que disfrutan cuando todo se
enreda.
Hay una iniciativa de Manos
Unidas, que se llama “Tu punto de vista puede cambiar el mundo”. Me parece que
ya te he hablado de ello en otras ocasiones. Se trata de un festival de cine en
el que las películas solo pueden durar un minuto. El tema de este año es “El
desafío del hambre. Consumo y desperdicio de alimentos”. Y si tienes un rato
puedes entrar en FaceBook poniendo en el buscador sencillamente Manos Unidas
Clipmetrajes. Te aseguro que vas a encontrar muchas ideas ingeniosas, mucha
sensibilidad y mucha ilusión. Si buscas en la categoría de Escuelas, puedes ver
un vídeo que se llama “EL vals de los títeres”. Lo han ideado, interpretado,
filmado y montado un grupo de chavales de León y habla de cómo nuestros hábitos
se manejan por hilos que no nos atrevemos a cortar. Ellos hablan del consumo,
del desperdicio de alimentos, pero ese baile de cuerdas, esa sensación de
marioneta, no tiene que ver solo con nuestros hábitos de consumo. Va más allá y
quizá sea el único modo de explicar lo de la matanza de cigüeñas. Anímate y
busca el vídeo y, si te gusta, vota.
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