Buscar este blog

viernes, 12 de septiembre de 2025

Brillar. (Audio)

 

Brillar. (En Hoy por Hoy León, 12 de septiembre de 2025)

 

La buganvilia es una trepadora exquisita que dibuja de rosa los muros, las cercas, las vallas; una trepadora que convierte en luz lo opaco de la separación. Tener una buganvilia es crear una armonía que desdibuja las líneas de lo prohibido: el paso prohibido, la entrada prohibida, el acercamiento que se niega. La buganvilla sabe el camino que conduce a la memoria y al brillo de la tarde de verano en el pecho escotado de la casa.

Veo en la tarde ventosa de este León que se despereza hacia el otoño una buganvilla que se deshoja, que pierde sus flores en la fuerza del viento y deja escapar su belleza del verano. Hay un trasiego de uniformes de colegio y de plumieres, de lápices afilados y mochilas nuevas, un olor a libros que se estrenan, virutas de goma de borrar resbalando por cuadernos recién empezados. Detrás de las vallas de los colegios, desnudas de buganvilias, se encierra un pedazo de vida que hasta hace una semana rodaba por las calles y la semana que viene se encerrarán los adolescentes y dejarán el pulso de la ciudad latiendo al ritmo de los que quedan fuera de ese empeño de ilusión.

Es verdad eso que dice en una pegatina que leo casi cada mañana: la educación es la única fuerza que puede cambiar el mundo. Es algo en lo que creo con firmeza, que la educación es el arma más poderosa en este universo de miedo que nos llega desde las fronteras del bienestar diario —fronteras vacías de buganvilias—, ese afuera inquietante que se construye en el ruido de la confrontación. Solo la educación puede transformar el mundo. Lo malo es que tengo la sensación de que esa arma en la que creo se desmorona en manos de quienes la manejan, como si fuera un tirachinas de goma que solo pudiera servir para hacer chichones, como si no tuviera dentro de sí el potencial transformador que yo veo. Ese manejo busca en muchos casos solamente la manipulación de lo que hay en función de lo que conviene. Pero lo que conviene ¿a quién o a quiénes?, me pregunto.

Me preocupa la pérdida de la noción básica de lo que significa educar —acompañar en el camino, educere; frente al interesado educare, instruir, formar: de algún modo, ahormar—. Brillar es el verbo de la semana. Alcanzar el brillo de la buganvilla en el pecho del que aprende.

Arrasar. (Audio)

 

Arrasar. (En Hoy por Hoy León, 5 de septiembre de 2025)

 

Debería hablarte del fuego, de los genocidios, de la muerte de un grupo de migrantes en la costa de Almería este miércoles. Debería hablarte de la desesperación del alcalde de Caín que decía este miércoles que los negocios se cierran en su pueblo y que hay despidos y que las reservas de turistas para septiembre se están anulando. Debería hablarte de una encina en la que se metieron mis hijos paseando por Las Médulas para una foto que ya hoy es imposible. Debería hablarte de los tractores arrancando cortafuegos de urgencia en las afueras de los pueblos para salvar las casas. Debería hablarte de la desolación de cerrar la puerta y marchar sin saber qué vas a encontrar cuando vuelvas. Debería hablarte de todo ese dolor y esa rabia. Debería hablarte de la necesidad de resolver. Todos. Claro que sí. Todos. Sin saber bien qué significa eso de resolver entre todos, sin saber bien hacia dónde mirar en esta pesadilla del treinta, treinta, treinta. Temperaturas por encima de treinta, humedad por debajo de treinta, viento con velocidad superior a treinta. Y todo lo demás que es treinta veces treinta: la ambición sin escrúpulos, la falta de medidas y recursos, la irresponsabilidad. También para la guerra: ambición, abandono, amoralidad. Fuego, sangre, miedo y frialdad.

Arrasar es el verbo que me conmueve. Lo arrasado y lo que arrasa, quienes se ven arrasados y quienes arrasan, el efecto arrasador y la causa arrasante. Causa y efecto. Conexión necesaria entre una y otro. Y en el proceso, en la mirada del que observa, la inquietud de la fuerza imparable del efecto devastador de lo humano como una bomba de relojería que se detona cada segundo sin esperar al clic del final de la cuenta atrás. Una bomba devastadora que es nuestro modo de vida, de consumir la vida, de vender la vida, porque ya somos armas en manos de nuestros propios enemigos, elementos que arrasan lo propio, llamaradas de inconsciencia que ambicionan queroseno inflamante para arrasar y arrasar y no dejar nada hermoso en pie y dejar solamente paisajes vacíos de vida, efecto de la ambición de todos los genocidas que encienden la llama del miedo.

Lejos de la seguridad de nuestras almohadas, nuestra conciencia arrasa el sentimiento de culpa y nos libera de todo mal para seguir consumiendo el mundo que nos toca, para seguir viviendo en una realidad incendiada sin que nada nos toque la piel.

viernes, 20 de junio de 2025

Chupar del bote. (Audio)

 

Chupas del bote. (En Hoy por Hoy León, 20 de junio de 2025)

 

El olor de los tilos me transporta a otro tiempo. Es un impulso que no sé explicarte, un eco del ayer que me conmueve. Me encanta ese tramo frente al Colegio Camino del Norte, junto al Bernesga, con el frescor del río y el dulce de la tila en una mezcla de bienestar y calma a pesar del tráfico y de la prisa y del impulso que nos lleva en el corazón de los días. Si vas por la zona a ver los fuegos de San Juan, busca una bocanada de ese aroma que te digo, déjate atrapar. La memoria del olfato es tan poderosa y excitante que nos desata.

Sería muy fácil, hablando de olores, decir que hay un olor a podrido que crece con las famosas conversaciones que hemos ido conociendo desde la semana pasada, esa peste impúdica de dinero y fiestas, eso que tantos han negado tantas veces y que ahora se revela casi de forma incontestable: algunos se han dedicado a chupar del bote al tiempo que se exhibían como salvadores de la patria y de la moral. Ese olor a podrido no me impide disfrutar del perfume de los tilos de la ribera del río, porque creo que algo limpio debe quedar al margen de todo eso que huele mal tanto en la izquierda como en la derecha, porque me niego a creer que todos son iguales y que todos chupan sencillamente del mismo bote. Me da un asco enorme la imagen de todas esas bocas arrimadas al mismo bote a la vez o por turnos.

Pero eso no justifica las pintadas en la fachada de la sede del PSOE, porque no todos allí son eso que se dice. Hasta es difícil saber si habrá alguno de los de aquí que pudiera estar amorrado a ese bote. Por mucho asco que nos produzca el caso, la descalificación general no resuelve nada. Es verdad que hay que tomar mucha tila para calmar los nervios viendo todo lo que estamos viendo. Es verdad que se dice que algunos de los dirigentes de aquí estaba muy cerca de alguno de los del triángulo tóxico. Es verdad que el aparato del partido puso a rodar toda su maquinaria en las primarias que denuncia el candidato perdedor. Todo eso puede que sea verdad, pero no es política. Al menos no es “la política”. Es otra cosa.